ISLAS, 68 (215): e1756; septiembre-diciembre, 2026
Recepción: 10/01/2026 Aceptación: 15/05/2026
Artículo científico
Identidad cultural y reescritura de la historia hondureña a través de la heteroglosia en Rey del albor, Madrugada de Julio Escoto
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Cultural Identity and the Rewriting of Honduran History through Heteroglossia in Julio Escoto’s Rey del albor, Madrugada
Hanary Hernández Cruz
Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Cortés, Honduras
ORCID: https://orcid.org/0009-0003-6831-5690
Correo electrónico: hanary.hernandez@unah.hn
RESUMEN
Introducción: Esta investigación analiza cómo la novela Rey del albor, Madrugada (1993), de Julio Escoto, emplea la heteroglosia para representar la identidad cultural y reinterpretar la historia oficial de Honduras. Los objetivos son identificar los tipos de voces que configuran el discurso de la obra y cómo estas revelan perspectivas marginadas en la memoria histórica del país.
Métodos: Se adopta un enfoque cualitativo basado en la teoría de la heteroglosia de Mijaíl Bajtín, buscando comprender el diálogo que establecen las distintas voces dentro de la novela. El análisis textual se enfocó en reconocer y organizar las voces que producen la polifonía de la obra. Así, también, se evaluaron las estrategias narrativas que generan la coexistencia de múltiples discursos en la narración.
Resultados: Los resultados obtenidos permiten evidenciar que la heteroglosia es una estrategia que el autor adopta en la construcción del discurso de la novela. Se identificó la integración deliberada de diferentes registros, especialmente en nueve capítulos; esta presencia incide directamente en la configuración de la identidad cultural hondureña presentada en la obra. Aunque la tradición histórica tiende a privilegiar los discursos hegemónicos, el análisis mostró que la propuesta de Julio Escoto visibiliza a los grupos relegados no solo de la historia de Honduras, sino también de Centroamérica y, a su vez, de Latinoamérica.
Conclusiones: Se confirma que la integración de estos diversos registros y voces marginales en la novela producen una presencia polifónica que enriquece el relato sobre la identidad cultural de Honduras. Sin embargo, lejos de lograr una síntesis armoniosa sobre la historia del país, la convivencia discursiva acentúa los conflictos internos del proceso de construcción identitaria. De esta manera, la obra muestra que esta pluralidad narrativa no conduce necesariamente al consenso o a la unidad, sino que genera nuevas formas de confrontación simbólica en el relato histórico del país.
PALABRAS CLAVE: heteroglosia; polifonía narrativa, identidad cultural hondureña; memoria colectiva; reescritura histórica; literatura hondureña
ABSTRACT
Introduction: This study examines how Julio Escoto’s novel Rey del albor, Madrugada (1993) employs heteroglossia to represent cultural identity and reinterpret Honduras’s official history. Its objectives are to identify the types of voices that shape the novel’s discourse and to examine how they reveal marginalized perspectives within the country’s historical memory.
Methods: A qualitative approach based on Mikhail Bakhtin’s theory of heteroglossia was adopted to explore the dialogue established among the novel’s different voices. The textual analysis focused on identifying and organizing the voices that generate the work’s polyphony. It also assessed the narrative strategies that enable the coexistence of multiple discourses within the narrative.
Results: The results obtained show that heteroglossia is a strategy the author adopts in constructing the novel's discourse. The deliberate integration of different registers was identified, particularly in nine chapters; this presence directly shapes Honduran cultural identity as presented in the novel. Although historiographical tradition tends to privilege hegemonic discourses, the analysis showed that Escoto's approach gives visibility to groups relegated not only from Honduran history but also from the history of Central America and, in turn, of Latin America.
Conclusions: The findings confirm that the integration of these diverse registers and marginal voices in the novel produces a polyphonic presence that enriches the narrative of Honduran cultural identity. However, far from achieving a harmonious synthesis of the country's history, this discursive coexistence heightens the internal conflicts of the identity-construction process. In this way, the novel shows that such narrative plurality does not necessarily lead to consensus or unity, but instead generates new forms of symbolic confrontation within the country's historical narrative.
KEYWORDS: heteroglossia; narrative polyphony; Honduran cultural identity; collective memory; historical rewriting; Honduran literature.
Concepción y/o diseño de investigación:
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Adquisición de datos:
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Análisis e interpretación de datos:
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Escritura y/o revisión del artículo:
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Miletti (2007) señala que «la Historia, con h mayúscula, es la historia del poder, es la historia de los vencedores» (p. 77); de modo que aquello que se reconoce como pasado no corresponde necesariamente a lo ocurrido, pues ha sido narrado y legitimado por determinados actores en contextos históricos específicos. Por consiguiente, son estos actores sociales los que participan como protagonistas y, a su vez, narradores de los acontecimientos. Desde esta perspectiva, la producción histórica refleja un proceso social marcado por relaciones de poder que determinan qué hechos son registrados, silenciados y de qué manera son interpretados posteriormente (Miletti, 2007; Trouillot, 1995).
Esta idea del pasado sitúa a la memoria como elemento fundamental para entender la manera en que las sociedades organizan y reinterpretan su experiencia histórica. Halbwachs (1995) explica que el recuerdo no es un simple «depósito individual» de los hechos, porque este se reconstruye a partir de los marcos sociales que orientan las formas en que los grupos asimilan su pasado; es decir: la memoria se alimenta de las experiencias compartidas y de los relatos transmitidos a través de generaciones, reorganizando así su presente.
Siguiendo esta línea, delimitar los conceptos de memoria colectiva y memoria histórica resulta complejo, ya que ambos se entrelazan y se contraponen simultáneamente. No obstante, Halbwachs (1995) propone distinguirlos en, al menos, dos aspectos: En general, mientras la primera es descrita como una corriente de pensamiento continua que solo mantiene del pasado lo que aún está vivo para un grupo humano; la segunda corresponde a los acontecimientos que conservan la historia nacional, esto significa, una reconstrucción del pasado fijada por escrito y organizada desde criterios externos a estos grupos. Por lo anterior, la historia surge cuando la memoria deja de ser vivida directamente, lo que implica una separación entre los sujetos y los hechos recordados por los mismos.
A partir del vínculo entre historia y memoria, la identidad se asimila dentro de los procesos sociales que los sujetos reconocen como comunes. Rojas (2004), Cerutti y González (2008) exponen que esta categoría no puede reducirse al ámbito individual, ya que se establece en relaciones que hacen posible el sentido de pertenencia. Dicho reconocimiento implica identificación; también diferenciación; el «nosotros» se opone a un «otros», lo que traza los contornos simbólicos de la comunidad.
Por otra parte, se destaca que el presente estudio se orienta hacia la identidad cultural; de manera más precisa, hacia la identidad cultural hondureña; desde este enfoque, la identidad cultural se manifiesta en rasgos propios que caracterizan a un grupo, los cuales emergen mediante elementos identificadores y diferenciadores presentes en la vida colectiva; estos se sostienen en valores, creencias, prácticas y representaciones comunes que adquieren significado dentro de dicho contexto. En consecuencia, esta categoría se vincula con la memoria colectiva y el patrimonio, ya que requiere referentes simbólicos que permitan a los individuos reconocerse dentro de su entorno social (Fernández Peña & Fernández Peña, 2012; Molano, 2007).
Si bien Romero (2019) aborda la «identidad hondureña» en un sentido amplio y desarrolla principalmente la noción de identidad nacional, sus ideas resultan pertinentes en la medida en que permiten apreciar cómo los sujetos construyen un sentido de pertenencia. El autor sitúa la identidad en relación con las condiciones históricas y las necesidades colectivas de la sociedad, considerando estos elementos como referentes de identificación común.
Por tanto, para la interpretación de la identidad cultural hondureña en este artículo, estos planteamientos son significativos porque validan situarla en el ámbito de las prácticas sociales, donde los miembros de un grupo reconocen como propios ciertos elementos culturales, tales como el lenguaje, las formas de vida y las prácticas sociales. De este modo, estos referentes se afirman en experiencias compartidas y en condiciones históricas que dan sentido a la vida colectiva.
En consecuencia, la historia organiza narrativamente los eventos y la memoria colectiva los restaura desde la experiencia social; la identidad cultural hondureña se plantea aquí a partir de esas narrativas y recuerdos comunes. Así pues, las representaciones históricas no solo describen acontecimientos, porque también participan en la construcción de las identidades culturales y en las percepciones que una sociedad atribuye a su pasado. De ahí que los diversos discursos culturales y literarios hayan desarrollado estrategias de reinterpretación, cuestionando las versiones oficiales y proponiendo nuevas formas de comprender la experiencia histórica, proceso que ha sido entendido como una relectura crítica del pasado mediante la reescritura de la historia (Rubiano, 2001).
En Latinoamérica, la heteroglosia ha sido examinada a partir de los procesos de colonialidad y de las formas de mestizaje que intervienen en la construcción identitaria.
Rama (2006), Cornejo Polar (2003) y Sarlo (1992) analizan la convivencia conflictiva de lenguajes y tradiciones culturales en la literatura latinoamericana sosteniendo que esta pluralidad no se resuelve en una integración armónica, más bien se presenta como una dinámica histórica persistente que estructura el campo cultural y literario. En este contexto, la heteroglosia se asocia a la hibridación poscolonial junto a la pluralidad literaria. Este enfoque permite analizar los conflictos entre discursos hegemónicos frente a discursos de grupos minoritarios, tal como lo ha observado Towner (2018). Palermo (2006) propone la noción de discursos heterogéneos para problematizar los límites de la polifonía, además enfatiza en la coexistencia, generalmente conflictiva, de los discursos en una región. Estas aproximaciones muestran que la heteroglosia en el ámbito latinoamericano responde a una condición tanto histórica como cultural. Lo anterior, funciona también como una estrategia estética que surge de la superposición de lenguas, en conjunto con las memorias colectivas y tradiciones discursivas.
Del mismo modo, en Centroamérica los estudios sobre heteroglosia se han vinculado al análisis de narrativas que cuentan los procesos de violencia histórica, las experiencias de guerra civil, la colonización e incluso la fragmentación de la memoria. Mackenbach (2008) señala que la literatura centroamericana contemporánea incorpora registros con distinta procedencia lingüística con el fin de cuestionar los relatos oficiales. Ortiz Wallner (2004) propone una lectura crítica de estas narrativas a partir de la pluralidad discursiva que atraviesa la representación social. Cortez (2010), por su parte, observa que dicha escritura expone sociedades marcadas por conflictos, no solo de carácter político, sino, además, culturales; reconociendo que, en la actualidad, en un entorno mediático saturado, la narrativa es el principal vehículo para la construcción de identidades y la formación de opiniones.
En Honduras, los estudios específicos sobre heteroglosia son aún limitados; sin embargo, existen aproximaciones críticas; por ejemplo, Umaña (2000) coincide al indicar que la narrativa hondureña recurre a distintos registros lingüísticos para representar una realidad, que resulta compleja al ser marcada por la exclusión social. Esta ausencia de estudios centrados específicamente en la heteroglosia, evidencia la dificultad para encontrar antecedentes precisos sobre esta categoría teórica, tanto en Honduras como en Centroamérica. De esta manera, adquiere relevancia el análisis de la narrativa de Julio Escoto, en particular de Rey del albor, Madrugada (1993); texto que constituye el objeto estudio del presente artículo.
Julio César Escoto Borjas (San Pedro Sula, 1944) es un escritor, ensayista y crítico literario hondureño. En Rey del albor, Madrugada (1993), desarrolla una estructura narrativa articulada en dos líneas: una contemporánea, centrada en el profesor Quentin Jones, a quien se le ha asignado escribir un libro que reorganice la memoria colectiva, Madrugada; y otra histórica, que recorre episodios desde el siglo xv e introduce voces alternas que se resisten al intento de homogeneización del discurso histórico.
Caso (2010), quien analiza la obra dentro de la literatura centroamericana contemporánea, explica que Escoto escribe «desde la periferia» y muestra cómo Honduras ha vivido bajo presiones hegemónicas que moldean su memoria histórica. Asimismo, afirma que el autor sitúa la novela en un momento de cambios mundiales que obligan a reevaluar la forma tradicional de narrar la historia.
La heteroglosia adquiere mayor relevancia en la línea histórica de la obra, pues aparecen nueve capítulos que están dedicados a relatar episodios precoloniales y coloniales a partir de registros lingüísticos híbridos. Esta mezcla refleja lo que Bajtín (1989) define como estratificación interna de la lengua, porque cada registro manifiesta un punto de vista histórico, social y cultural distinto.
Los estudios críticos sobre Rey del albor, Madrugada han abordado la novela desde diversas perspectivas. Siguiendo a Caso (2010), la obra se inscribe dentro de la narrativa centroamericana contemporánea, destacando por su carácter totalizante (y fragmentario al mismo tiempo), así como por su revisión crítica de la historia nacional desde una posición periférica.
De acuerdo con Menton (2001), Rey del albor, Madrugada resalta precisamente porque logra reunir en un solo relato los elementos que permiten visualizar la identidad cultural hondureña mediante geografía, etnicidad, memoria colectiva y habla contemporánea; por lo cual afirma que la novela «por muy rezagada que parezca una novela nacional en 1993, Madrugada sobresale como la mejor novela hondureña de todos los tiempos y una de las mejores novelas centroamericanas de las últimas décadas» (p. 1), ya que integra esta amplitud de enfoques. Mientras que Gallardo (2016) y Molina (2022) subrayan su dimensión identitaria y su propuesta de deconstrucción de los relatos nacionales.
No obstante, estos estudios no desarrollan de manera sistemática la heteroglosia como eje principal del discurso narrativo, lo cual abre un espacio de investigación que el presente trabajo busca atender. En este marco, la investigación plantea que la heteroglosia resulta indispensable para comprender cómo el escritor Julio Escoto representa la identidad cultural hondureña en la novela Rey del albor, Madrugada (1993). A partir de esta premisa, el objetivo general de la investigación consiste en describir el funcionamiento de la heteroglosia en la novela, con el propósito de comprender de qué manera la interacción de múltiples voces incide en la representación de la identidad cultural de Honduras. De forma complementaria, se propone identificar los distintos registros lingüísticos presentes en la obra, establecer su relación con los contextos históricos y observar cómo el diálogo entre estas voces configura una memoria colectiva. En este mismo sentido, los objetivos incluyen mostrar cómo estos discursos revelan perspectivas históricamente marginadas dentro de la memoria del país.
En consonancia con lo anterior, la justificación de esta investigación se fundamenta en la necesidad de profundizar el estudio de la narrativa hondureña desde enfoques que permitan mostrar su complejidad lingüística. El estudio de la heteroglosia en Rey del albor… contribuye a ampliar los trabajos sobre la obra de Julio Escoto y a fortalecer el campo de los estudios literarios centroamericanos mediante la integración de teoría del lenguaje, memoria colectiva e identidad cultural.
La presente discusión teórica parte de la heteroglosia, concepto introducido por Bajtín en la década de 1930, el cual describe la estratificación interna del lenguaje. Para el teórico, una novela se compone a partir de una diversidad social del habla organizada artísticamente. Por tanto, la novela es «un fenómeno pluriestilístico, plurilingual y plurivocal» (1989, p. 80); lo anterior sugiere que esta puede incorporar diversas voces que permiten observar tensiones y conflictos ideológicos dentro de una cultura. Estos planteamientos permiten abordar el texto narrativo como un espacio donde las voces sociales confluyen, lo que ofrece una base teórica para explorar cómo una obra literaria refleja distintos registros del lenguaje y posturas ideológicas.
La novela integra, además, otros niveles discursivos que incluyen la voz del autor, la voz del narrador, los géneros intercalados y el habla de los personajes. Cada uno de los componentes mencionados funciona como nexo entre el plurilingüismo y la obra. A la vez, cada unidad incluye distintas voces sociales que se relacionan entre sí, en diferentes grados de dialogización, de modo que el tema transita entre los diversos enunciados y discursos, siendo este el aspecto característico del género novelesco.
Por tanto, el prosista acepta el «plurifonismo y el plurilingüismo del lenguaje literario y extraliterario» (Bajtín, 1989), lo cual profundiza la individualización de la obra porque el autor no elimina las voces externas, sino que las ubica a distintas distancias de su centro semántico, de modo que unas expresan directamente sus intenciones, otras las refractan con humor o ironía, y otras aparecen como discursos sociales que actúan de manera autónoma (Bajtín, 1989, pp. 115-116).
La novela se sostiene sobre un entramado de voces que avanza por medio de contrastes y repeticiones discursivas, exponiendo el desplazamiento constante del tema a través de los registros presentes en el relato. Desde este enfoque, el análisis de una obra narrativa requiere observar cómo estas voces se distribuyen en el relato, así como su interacción y representación dentro de la misma.
El carácter dialógico del lenguaje muestra que cada enunciado está atravesado por fuerzas sociales que operan simultáneamente, dado que este se mueve entre fuerzas centrípetas que intentan unificarlo o centralizarlo y, fuerzas centrífugas que generan separación, por tanto, ese conflicto determina la forma en que el discurso se organiza o se desplaza a lo largo de la narración.
A partir de esta idea, se afirma que el enunciado no se forma en una lengua abstracta, dado que «vive y se forma en el plurilingüismo dialogizante» (Bajtín, 1989, p. 90). En consecuencia, este espacio de diálogo no se limita a la conversación directa entre sujetos, ya que incluye también discursos previos, enunciados implícitos, ideologías y formas culturales que influyen en la producción del habla marcando la dirección y el sentido de cada palabra.
Esta estructura plural permite que la novela sea el género más adecuado para representar la interacción entre voces sociales, porque admite distintos usos del lenguaje que coexisten y que modifican el significado del relato. Los personajes introducen acentos, perspectivas y «horizontes ajenos», además estas entradas generan zonas donde la voz del autor se desplaza para ajustar su posición frente al tema.
La obra narrativa no solo incluye voces de personajes, puesto que incorpora géneros discursivos, discursos institucionales, hablas populares y formas de comunicación que pertenecen a distintos grupos, lo que produce el denominado «efecto de pluralidad», que puede comprenderse únicamente desde la concepción del lenguaje como fenómeno social. Por esta razón, el análisis bajtiniano del lenguaje novelístico demuestra que la novela no es un género fijo, dado que su estructura se ajusta a la versatilidad del lenguaje.
Diversos estudios amplían esta propuesta bajtiniana sobre la heteroglosia y muestran que cada enunciado incorpora registros de voces anteriores que ejercen influencia sobre él y que participan indirectamente en su estructura. Sisto (2015) indica que el hablante nunca controla por completo la totalidad de los sentidos presentes en su propio discurso, porque aparecen ecos procedentes de experiencias previas y de contextos cercanos.
En el ámbito literario este fenómeno trasciende cuando el relato se ocupa de hechos históricos, ya que la memoria colectiva emerge en formas diversas y no se ajusta a un único punto de vista. Por ejemplo, Rojas Canouet (2020) afirma que esta convivencia de voces exige una responsabilidad en la forma de presentar experiencias traumáticas, pues la palabra literaria incorpora miradas distintas que exigen cuidado ético en su tratamiento, y señala que la heteroglosia implica «una responsabilidad como ética del texto» (p. 97).
Con ello se observa que el análisis de obras que revisan acontecimientos nacionales requiere atender primero a la forma en que distintos grupos sociales expresan su experiencia, ya que el relato literario incorpora perspectivas que amplían la comprensión del pasado.
Por otra parte, la teoría poscolonial aporta elementos esenciales para este marco, pues describe la manera en que comunidades atravesadas por legados coloniales conviven con diversas lenguas que influyen en sus identidades. García Salcedo (2024) expone que la mezcla de hablas forma parte de la realidad contemporánea y que estas encuentran en la literatura un lugar para manifestarse, de modo que la identidad cultural no permanece fijada y se expresa a través de registros lingüísticos variados que cargan significados históricos y sociales propios.
Cid Alarcón (2021) añade que ciertas prácticas lingüísticas no se ajustan a los modelos normativos de las lenguas nacionales; sin embargo, dicha libertad expresiva cuestiona la homogeneización promovida por las instituciones oficiales, lo cual ayuda a comprender que la identidad se compone de experiencias que se mantienen vivas a través de las hablas. Estas observaciones facilitan una lectura de la identidad cultural como una construcción amplia y variada que se nutre de lenguas, recuerdos y prácticas sociales. El autor expresa que ciertos usos heteroglósicos del lenguaje producen una «deriva idiomática» manifestada como un extravío en las lenguas y en las realidades que estas nombran. Por ende, este tipo de escritura revela «confusión, extravío y problematización de las referencias culturales» (Cid Alarcón, 2021, p. 1165). Así también, Cangi (2000) afirma que estas prácticas resisten la «matrificación» que imponen las lenguas oficiales y devuelven al lenguaje su capacidad creativa.
Asimismo, otros estudios como el de Arroyo-Mata, Cruz Volio y Vergara Heidke (2023) sobre polifonía lingüística en discursos ciudadanos, muestran que los hablantes utilizan voces que les resultan ajenas como parte de su posición social y lo realizan de forma natural e inconsciente incorporándolas mediante diferentes estrategias en su discurso oral. Este concepto permite analizar el contraste entre los registros discursivos de los personajes.
A partir de estos planteamientos, resulta posible comprender que la narrativa que retoma episodios de la historia de una nación no ofrece una versión aislada porque incorpora voces que pertenecen a grupos sociales marginados o a regiones poco representadas, exponiendo dimensiones del pasado que suelen quedar relegadas. La heteroglosia se convierte, así, en una herramienta que facilita la lectura crítica de tales relatos, al permitir reconocer la simultaneidad de perspectivas que acompañan la memoria colectiva.
Por tanto, los estudios sobre heteroglosia originados en la obra de Mijaíl Bajtín y del Círculo de Bajtín han sido desarrollados posteriormente por autores como Holquist (2002), Morson y Emerson (1990), quienes han contribuido a la sistematización y difusión del pensamiento bajtiniano en el campo de los estudios literarios. Estos aportes consideran a la heteroglosia como una herramienta de análisis literario que facilita identificar la interacción de registros lingüísticos y perspectivas ideológicas dentro de una obra narrativa, elementos que orientan la lectura crítica del texto que se examina en este trabajo.
La metodología utilizada posee un enfoque cualitativo centrado en el análisis textual a partir de la teoría de Bajtín sobre la heteroglosia, con la finalidad de identificar la presencia de voces múltiples en la novela Rey del albor, Madrugada (1993) y, así, caracterizar su funcionamiento desde una perspectiva discursiva, cultural y literaria.
En una primera etapa, se realizó una revisión bibliográfica de las fuentes teóricas relacionadas con la heteroglosia, la polifonía y la interacción de voces. Esta revisión permitió delimitar las categorías conceptuales utilizadas para el análisis del texto narrativo.
Además de Teoría y estética de la novela (1989) y La imaginación dialógica (1981) se consultaron trabajos del Círculo de Bajtín, como los de Volóshinov (1992), a partir de los cuales se retoma la concepción del enunciado como acontecimiento social y del lenguaje como interacción entre hablantes, criterios que orientan la identificación de las voces discursivas en la obra. También se incorporaron planteamientos de Medvédev (1985) sobre la evaluación social del enunciado y la función estructural del discurso en la obra literaria, los cuales complementan el principio bajtiniano de la palabra como fenómeno ideológico.
Posteriormente, se realizó la lectura analítica del objeto de estudio, Rey del albor, Madrugada (1993), con el fin de identificar fragmentos donde coinciden voces procedentes de distintos discursos sociales. Esta fase del análisis siguió el planteamiento de Bajtín de que la novela organiza un sistema de voces que «instrumenta el tema intencional del autor» mediante el desplazamiento del sentido a través de hablas múltiples (1989, p. 116). La identificación de fragmentos consideró, principalmente, las interacciones entre las voces en la novela, y se tomaron en cuenta los modos en que estas voces se relacionan con el narrador y con el autor implícito. Se elaboró, a partir de ello, una matriz de clasificación diseñada para organizar las voces de acuerdo con su procedencia discursiva, su función narrativa y su relación con los ejes temáticos del estudio.
En la etapa final, se llevó a cabo la interpretación cualitativa de los datos organizados, siguiendo la matriz expuesta, de esta forma se describe cómo la heteroglosia actúa en la construcción de la identidad cultural hondureña y en la reescritura de eventos históricos.
Finalmente, se interpretaron los fragmentos seleccionados a partir de su carga ideológica, su orientación histórica y su rol dentro de la estructura narrativa, evaluando cómo la novela produce un efecto de memoria colectiva con un sentido crítico, y de pluralidad identitaria.
La novela presenta una organización fragmentada y no lineal, en la que los capítulos se disponen alternando el presente del relato con episodios situados en distintos momentos del pasado. Debido a esta disposición discontinua, resulta pertinente presentar de forma esquemática el orden de los capítulos (Tabla 1). En este sentido, la siguiente tabla muestra su secuencia y títulos, lo que permite visualizar la estructura externa de la obra y comprender la lógica compositiva que organiza el relato:
Tabla 1. Capítulos de la novela
| N.o | Capítulo | Título del capítulo |
| 1 | Cap. 1 | «El presidente ha venido de incógnito» |
| 2 | Cap. 2 | «Un aroma a fragancias exóticas» |
| 3 | Cap. 3 | «El presidente quiere que invente la historia» |
| 4 | Cap. 4 | «Érika» |
| 5 | Cap. 5 | «Información clasificada» |
| 6 | Cap. 6 | «¡Se nos ha ido Madrugada…!» |
| 7 | Cap. 7 | «¿Vamos a meternos en camisa de once varas?» |
| 8 | Cap. 8 | «El otro pedazo del espejo» |
| 9 | Cap. 9 | «Amanecer en Olancho (1974)» |
| 10 | Cap. 10 | «¿Tiene novia, profesor Jones?» |
| 11 | Cap. 11 | «Un silencio blanco (1963)» |
| 12 | Cap. 12 | «La sombra de la trenza» |
| 13 | Cap. 13 | «Diario de la guerra. El sitio de Tegucigalpa (1924)» |
| 14 | Cap. 14 | «El viento malo» |
| 15 | Cap. 15 | «Los mismos (Septiembre 21, 1821)» |
| 16 | Cap. 16 | «La cara de la hidra» |
| 17 | Cap. 17 | «Aurelina (1785–1786)» |
| 18 | Cap. 18 | «Unos amarillos faroles» |
| 19 | Cap. 19 | «Reunión en Omoa (1633)» |
| 20 | Cap. 20 | «El mensajero del rey» |
| 21 | Cap. 21 | «Mateu Casanga (1621)» |
| 22 | Cap. 22 | «Bienvenido Madrugada» |
| 23 | Cap. 23 | «Como en los tiempos de guerra (1542)» |
| 24 | Cap. 24 | (Capítulo sin título) |
| 25 | Cap. 25 | «Como una nave espacial» |
| 26 | Cap. 26 | «El magma, la sima y el volcán» |
| 27 | Cap. 27 | «La memoria de nosotros (1495)» |
Fuente: Elaboración propia
Por otra parte, la matriz de resultados (ver Tabla 2), mencionada en la metodología, organiza los fragmentos seleccionados de Rey del albor, Madrugada según su procedencia discursiva, su ubicación en la estructura narrativa y el tipo de voz que interviene en cada capítulo. A partir de esta sistematización se observa la alternancia de las líneas narrativas; se reconoce una distribución diferenciada de los registros lingüísticos; también se constata una disposición fragmentada de los episodios históricos a lo largo del relato.
Tabla 2. Ejemplo de matriz de clasificación
| N.o | Voz | Origen | Función narrativa | Relación temática |
| 1 | Presidente | Político | Orden e imposición del relato histórico oficial. | Historia como instrumento de poder. |
| 2 | Quentin Jones | Académico | Introducir distancia crítica frente al encargo estatal. | Cuestionamiento del saber histórico. |
| 3 | Voces indígenas | Comunidades originarias | Narran la Conquista desde la memoria colectiva. | Reescritura del origen nacional. |
| 4 | Voz «maya» colectiva | Histórico-comunitario | Sustituye al narrador individual por un «nosotros». | Identidad basada en continuidad cultural. |
| 5 | Voz afrodescendiente | Esclavitud colonial | Reescribe la historia minera desde la oralidad esclava. | Explotación racial como base económica. |
| 6 | Voces coloniales | Administración imperial | Justificación del dominio. | Legitimación del orden colonial. |
| 7 | Clero | Institución religiosa | Media entre autoridad y comunidad. | Fe y control. |
| 8 | Campesinos | Subalternos rurales | Introducen formas coloquiales de oralidad. | Cotidianidad. |
| 9 | Mujeres | Social (primera línea argumental) Colonial (segunda línea argumental) |
Exponen jerarquías de género y mestizaje. | Transmisión cultural. |
| 10 | Voz documental | Archivo histórico | Inserta actas, diarios y cartas. | Historia como construcción escrita. |
| 11 | Voz colectiva popular | Comunidad | Registra la memoria colectiva. | Nación como conflicto de voces. |
Fuente: Elaboración propia
Como ha sido señalado, la obra muestra la presencia de dos líneas narrativas diferenciadas que avanzan de manera paralela; una se sitúa en el presente del relato y se consolida en torno a la experiencia de Quentin H. Jones; la otra se orienta hacia episodios de carácter histórico que remiten a distintos momentos del pasado hondureño. Ambas líneas (ver Figura 1) aparecen intercaladas a lo largo de la novela, no siguen una progresión temporal continua; presentan registros lingüísticos asociados al contexto narrado.
La primera línea narrativa agrupa capítulos vinculados a la vivencia contemporánea del protagonista: el lenguaje registra observaciones, se reproducen diálogos y se describen escenas cotidianas. En estos fragmentos se identifican voces procedentes del discurso diplomático, aparecen formulaciones del discurso político, se reconocen expresiones del ámbito académico y se incorporan hablas populares.
La segunda línea narrativa reúne capítulos de carácter histórico. Estos recrean acontecimientos vinculados a la conquista que representan experiencias de esclavitud y narran episodios asociados a la independencia, al mismo tiempo, incluyen referencias a conflictos revolucionarios. Se identifican voces indígenas, voces afrodescendientes, voces coloniales y voces colectivas. Aparecen, además, registros que remiten a crónicas, los cuales poseen estructuras semejantes a los documentos históricos; por otra parte, se integran relatos orales y se muestran hablas «no oficiales».
Figura 1. Líneas narrativas en Rey del albor, Madrugada (1993)
Fuente: Elaboración propia
La novela consigna, por tanto, nueve capítulos pertenecientes a la línea histórica. Estos episodios abarcan un arco temporal comprendido entre 1495 y 1974. El orden de aparición dentro del relato no sigue una cronología histórica. La intercalación con la línea contemporánea caracteriza la organización del texto. Los capítulos identificados corresponden a «Como en los tiempos de guerra» (1542), «Mateu Casanga» (1621), «Reunión en Omoa» (1633), «Aurelina» (1785-1786), «Los mismos» (1821), «Diario de la Guerra» (1924), «La memoria de nosotros» (1495), «Un silencio blanco» (1963) y «Amanecer en Olancho» (1974).
Cada capítulo presenta variaciones en el tipo de narrador. La forma de enunciación muestra a su vez diferencias entre los fragmentos, por lo que se observó que los registros lingüísticos empleados cambian según el contexto representado.
La Figura 2 expone la diferencia entre el orden narrativo y el orden histórico de los episodios. La fragmentación temporal de los capítulos históricos resulta visible. La superposición de épocas forma parte del desarrollo del relato.
Figura 2. Mosaico de los capítulos históricos
Nota: En rojo se expone el orden de los relatos en la novela a partir de 1974. En azul se muestra la cronología de forma ascendente a partir de 1495.
Fuente: Elaboración propia
Los capítulos históricos registran la presencia de diversos registros lingüísticos, entre estos se encontraron: el castellano colonial, que aparece en varios capítulos; las lenguas extranjeras, los afrohispanismos y las voces colectivas. Asimismo, se encontraron formas de discursos indirectos que reproducen modos de enunciación propios de cada contexto representado. Estos registros aparecen distribuidos entre ambas líneas narrativas. La recurrencia de estas formas se mantiene a lo largo del texto.
El análisis de la estructura interna de Rey del albor, Madrugada permitió identificar la presencia de dos líneas narrativas que avanzan paralelamente y que conservan una relación a lo largo de la obra; en esta afinidad coexisten formas narrativas que remiten a voces con orígenes históricos y sociales diferenciados. La primera línea narrativa se orienta hacia la identidad cultural y a la memoria colectiva porque los capítulos siguen la experiencia subjetiva del protagonista, Quentin H. Jones, en el presente del relato; por lo que el lenguaje empleado en ella mantiene un tono introspectivo que registra sensaciones, percepciones y recuerdos que provienen de la vida cotidiana. La segunda línea narrativa incorpora relatos de carácter histórico que se desplazan hacia épocas coloniales (e incluso precoloniales) y presentan acontecimientos vinculados a la formación nacional; por lo que la selección léxica imita documentos, crónicas y voces colectivas que evocan momentos decisivos del pasado hondureño.
La lectura comparada de ambas líneas mostró que la novela alterna constantemente entre una voz personal asociada al presente y una voz histórica que proviene de tradiciones culturales. Lo anterior crea una forma de heteroglosia, ya que el texto no se limita a una sola perspectiva y reúne discursos que reflejan maneras de asimilar el pasado histórico del país.
Así, los capítulos que integran la primera línea narrativa constituyen una percepción íntima del territorio ligado al origen familiar y emocional del protagonista: un extranjero al que se le ha asignado reescribir la historia del país. Mientras que los capítulos que integran la segunda línea narrativa recuperan pasajes donde intervienen figuras históricas, comunidades indígenas, familias populares y personajes que representan procesos colectivos. Dicha combinación permite que el lector entre en contacto con diversas formas de entender cómo está compuesta la historia e identidad cultural de Honduras.
La Figura 1 elaborada para este estudio muestra la distribución de cada conjunto de capítulos, confirmando que la obra se alterna entre registros lingüísticos y culturales que poseen sus propias funciones dentro del relato. La primera línea narrativa aparece ubicada en posiciones que avanzan hacia una búsqueda de sentido personal, mientras que la segunda remite a hechos del pasado nacional. Esta disposición facilita la identificación de voces que provienen de temporalidades diferentes; las cuales expresan modos de vida particulares y conservan recuerdos asociados a comunidades que han sido rezagadas en la historia del país.
La presencia alternada de ambas líneas no funciona solo como un recurso estructural, ya que el cruce entre lo personal y lo histórico permite a la novela reunir discursos que se relacionan por contraste o por proximidad (discursos que proceden de ámbitos sociales distintos); por lo que el lector recibe versiones múltiples que amplían el sentido de la identidad cultural representada en la obra. Para ampliar esta interpretación, García Salcedo (2024), quien, además, al estudiar fenómenos de mezcla lingüística señala que «la hibridación […] se materializa a través de la heteroglosia (multilingüismo) que caracterizan el texto narrativo» (p. 11), sostiene que la presencia de formas expresivas procedentes de entornos desiguales favorece la construcción de un relato más amplio, puesto que la yuxtaposición de discursos provenientes de registros cotidianos con materiales históricos abre paso a una representación compleja de la hondureñidad, porque no se limita a la perspectiva de un solo narrador, personaje e incluso del autor. En consecuencia, abarca experiencias vinculadas tanto a los recuerdos individuales como a la memoria colectiva.
La identidad cultural en Rey del albor, Madrugada se presenta a través del despliegue discursivo que aparece desde los primeros capítulos y que expresa las percepciones sobre el país, por lo cual la obra introduce desde su inicio una heteroglosia que reúne un contraste entre expresiones populares, discursos políticos, observaciones diplomáticas y críticas. Este conjunto prepara el terreno para la llegada del Dr. Quentin Jones en el tercer capítulo, quien posteriormente se convierte en receptor, pero también observador de esa pluralidad discursiva.
En los primeros capítulos, la novela muestra cómo la población interpreta sucesos públicos mediante conjeturas y relatos que se alimentan unos a otros, tal como ocurre cuando los habitantes observan el paso de una caravana que avanza por la ciudad «tan precipitada e importante que hubo que detener el tránsito de la ciudad, imaginemos que allí llevaba un cargamento de oro» (p. 17), y poco después alguien añade «o quizás plata de las fabulosas minas de El Mochito, o a lo mejor una nueva vacuna que le traían al presidente de la república, como regalo para el pueblo hondureño» (p. 17), mientras la intriga colectiva aumenta porque les «mordía la curiosidad». Esta escena concluye con la descripción de los incognitos visitantes:
Aquellas cabezas rubias, de cabello bien tallado que se asomaban a las ventas ambulantes, hasta llegar a la idea final de que lo que llegaba era el Secretario General de las Naciones Unidas para sembrar para siempre en Centroamérica las bases de la paz. (Escoto, 1993, p. 17)
Esta secuencia muestra una identidad asociada al imaginario colectivo que complementa la falta de información con relatos espontáneos, y esta característica será clave cuando Jones entre en escena.
En esa misma etapa la voz pública y la del poder se muestran en conflicto: en tanto el público aclama el nombre de «Honduras», el Presidente murmura «malos hondureños»; mientras un guardia expresa su incredulidad ante la presión del público, el edecán responde con resignación que «eso es la democracia y cada quien puede decir lo que le dé la gana» (Escoto, 1993, p. 18). De esta forma la novela establece un cuadro identitario marcado por percepciones que no logran compaginar (por dudas, por orgullo o por molestia gubernamental), y estas voces construyen el retrato inicial del país antes de que Jones aparezca.
El Doctor Perdomo amplía esta imagen cuando afirma ante el público que «la historia de Honduras podía ser escrita en una lágrima» (p. 19), aunque añade de inmediato que la vida del país se ha transformado en «una triste combinación de violencia y de vergüenza» (p. 19) y continúa describiendo a Honduras como «un país subdesarrollado al que le han inventado su historia, al que le han ocultado durante siglos su verdadera realidad» (Escoto, 1993, p. 26). Estos fragmentos introducen un discurso crítico en la novela, donde se señala tanto la necesidad de reconocer las raíces culturales como las fallas históricas que han configurado al país.
Es a partir del capítulo tres, titulado «El presidente quiere que invente la historia», cuando Jones aparece en la novela, invitado por el gobierno hondureño, y su llegada introduce una figura que no aporta de inmediato una interpretación propia: porque este escucha, compara, observa y registra la variedad de testimonios que circulan a su alrededor. Jones se convierte entonces en un punto donde confluyen todas estas voces.
A lo largo de su recorrido, Jones encuentra comentarios de diplomáticos que observan el país desde prejuicios bastante arraigados; por ejemplo, la esposa del embajador cuando describe a los hondureños como «un pueblo manso, gente pacífica y humilde, casi rústica y naive» aunque añade riendo que de repente «pof, estallan sin saber por qué» y que «les entra como la luna y empiezan una revolución» (1993, p. 37). Esta percepción externa, transmitida con ligereza, contrasta con las voces internas que Jones ha escuchado, permitiendo a la novela ilustrar cómo la identidad cultural de Honduras es percibida también desde la mirada extranjera.
Más adelante, el Presidente explica a Jones que «aquí estamos aún en la época de Cervantes, cuando la gente creía que era cierto todo lo que estaba escrito en letra de molde» y concluye diciendo que se trata de «poner en manos de una población ignorante y analfabeta la verdad, aquello en que debe creer» (1993, p. 48), comentario que revela una voz que reduce la identidad cultural a una colectividad moldeable, subestimada e incluso marginada. Jones recibe esta declaración sin poder evitar confrontarla con las otras voces que ha escuchado y ello, ofrece enfoques contrastantes sobre la población hondureña. Otra forma significativa de heteroglosia aparece cuando uno de los personajes le explica que «los hondureños, profesor Jones, tenemos algo que consideramos un defecto pero que no es para nada diferente de otras sociedades del mundo: nos encanta contar cuentos, elaborar cuentos, inventar cuentos… somos un pueblo fabulario» y añade que esta inclinación surge para «escapar de alguna forma de los encierros de la realidad» (p. 147); por consiguiente, esta cita vincula la identidad cultural con la narración y con la capacidad de elaborar historias como forma de interpretar el mundo.
La identidad cultural en la novela también aparece conformada bajo una combinación de relatos populares, diplomacia, reflexiones intelectuales, discurso político y costumbrista; por lo tanto, la figura del Dr. Jones permite revelar cómo esa heteroglosia se articula, no mediante una sola voz dominante, sino a través la convivencia de estas expresiones que multiplican las maneras de entender a Honduras.
La reescritura histórica en la novela surge de manera fragmentada y no progresa como una sucesión ordenada de fechas, porque la novela introduce episodios sin avisos previos y los mezcla con escenas contemporáneas de la primera línea, de forma que el lector no avanza a través del tiempo, sino que entra y sale de él según la voz que domina en cada capítulo. Esta irregularidad permite que la historia se reorganice no por cronología, sino más bien por voces que aparecen de manera inesperada y que modifican la percepción de los acontecimientos. Por esta razón, la reescritura de la historia en la obra tiene la forma de un mosaico que se abre hacia distintos eventos y que se sostiene en la heteroglosia, ya que cada salto temporal trae consigo un registro lingüístico y una forma particular de ver la vida de los marginados en la historia.
En la Figura 2 (enlazados mediante nexos azules), la segunda línea narrativa iniciaría en 1495 y llega hasta 1974; este arco permite que diversos testimonios se relacionen dentro del relato, de forma que la historia nacional aparece reconstruida a través de las voces que se expresan desde posiciones culturales variadas. El gráfico muestra cómo los capítulos «Como en los tiempos de guerra» (1542), «Mateu Casanga» (1621), «Reunión en Omoa» (1633), «Aurelina» (1785-1786), «Los mismos» (1821), «Diario de la Guerra» (1924), «La memoria de nosotros» (1495), «Un silencio blanco» (1963) y «Amanecer en Olancho» (1974), se suceden de manera ascendente a lo largo del tiempo y conforman un recorrido histórico donde la novela otorga presencia a sujetos que no suelen tener relevancia en las narraciones oficiales.
Este proceso se observa con mayor claridad en el capítulo «Como en los tiempos de guerra» (1542), donde dos hacendados españoles reconstruyen episodios de conquista mientras surgen murmullos indígenas y fragmentos que representan a los subordinados que interrumpen el discurso del poder, lo cual reconoce que la historia colonial casi siempre se reduce a la perspectiva hegemónica:
José Mestizo había arribado jadeante, acezando tras recorrer oculto entre las milpas las dos leguas distantes de la población, cubierta la cabeza cetrina por una manta hilada que le apelotonaba las gotas de sudor [...], tintineó tres veces para pedir hablar con el señor don Antonio Guzmán. (Escoto, 1993, p. 604)
Por otra parte, en el capítulo 21, titulado «Mateu Casanga» (1621), la heteroglosia adquiere realce, pues la voz principal pertenece a un esclavo que narra la vida minera desde su propia oralidad, exponiendo una mezcla de portugués, expresiones afrohispanas y elementos de la tradición yoruba: «Eoeé, Exu... a meianoite a catacumba gemeu: quem estava vivo morreu, quem estava morto nasceu... Ooeé... Santa María Pomba- Gira... ooeé...» (p. 512).
Otro registro que ejemplifica esta voz:
Y sólo los escravos negros, sean Casanga como yo o de pueblos mondongos o jolofos o mandingas, nos estamos en ese estómago cavernoso de la tierra cinco días sin hablar oyendo destilar las lenguas del agua, sintiendo la respiración de la catacumba que se descuaderna, viendo sin ver los terrones que se sueltan despacito [...], cayendo sobre el chas cuas de los pozos helados de lodo que nos embadurnan los pies. Allá abajo en la mina no se canta, no se baila, no se habla de lejos, no se corre, no se ve. Allá solo se está y se vive sin cerrar los ojos. (Escoto, 1993, p. 512)
Esta voz desplaza por completo el registro del cronista tradicional y formula la historia desde los marginados, mostrando que la riqueza minera de la colonia se construyó sobre el trabajo forzado de los esclavos.
Asimismo, en «Reunión en Omoa» (1633) convergen voces británicas, españolas e indígenas, lo que permite observar cómo la región fue escenario de disputas y de alianzas:
Los hombres dejaron los remos tensos y horizontales por un momento y luego volvieron a bajarlos en la noche moruna del mar Caribe, asedada por una punzante y caliente oscuridad [...] 'Keepeth well in thy mind' gritó el capitán combatiendo la voz del oleaje 'thou must hide patiently waylaying till dawn, for 'tis thence we wilt hopefully regress and row back'. (Escoto, 1993, p. 460)
La alternancia de diálogos con diferentes registros manifiesta un espacio para el plurilingüismo, pero también demuestra que la historia no puede reducirse a una sola voz.
La independencia de Centroamérica no aparece como un acto heroico en «Los mismos» (1821), sino como la continuación del poderío colonial, puesto que los personajes criollos leen el Acta del 15 de septiembre con complacencia mientras la narración evidencia que las estructuras sociales permanecen intactas y que esta emancipación no modificó las desigualdades existentes de la época. Este capítulo reinterpreta el momento fundacional de la nación, al visibilizar que las voces marginadas no participaron en la construcción de la independencia, y esta ausencia se convierte en una crítica implícita a los relatos oficiales que celebran el acontecimiento como si hubiese sido un proceso colectivo.
En «Diario de la Guerra» (1924), la narración registra la guerra civil desde una combinación de voces que incluyen cronistas militares, habitantes comunes y el proletariado que describen la escasez, el miedo y la destrucción a raíz de este evento. En contraposición a «Aurelina» (1785-1786), donde la reescritura histórica en este capítulo se manifiesta cuando su protagonista aparece en un entorno donde la religiosidad española se amalgama con prácticas locales, donde las jerarquías sociales se vuelven visibles revelando que la colonia no era un sistema homogéneo, al contrario, un mundo configurado por la desigualdad. La presencia simultánea de la joven española, la sirvienta ladina y los misquitos que rodean la escena introduce una heteroglosia que desmonta la imagen tradicional del siglo xviii como un periodo dominado exclusivamente por la cultura peninsular.
Finalmente, en «La memoria de nosotros» (1495) la voz se desplaza hacia un «nosotros» indígena que narra la llegada española desde su propia cosmovisión y su propio lenguaje, describiendo los caballos como «venados de cuatro patas», los arcabuces como «truenos» y los barcos como «casas flotantes». Esta visión reescribe la conquista como un suceso percibido desde otra epistemología, por lo que la voz indígena recupera narrativas que no han sido integradas al relato oficial y presenta la historia como un proceso donde la identidad cultural se sostiene mediante relatos transmitidos entre generaciones.
El análisis conjunto de las dos líneas narrativas de Rey del albor, Madrugada permite concluir que la identidad cultural hondureña no se encuentra en una sola voz ni en una sola época, sino en la coexistencia de hablas que revelan cómo distintas comunidades interpretan su lugar dentro de la historia. La investigación realizada posibilita señalar que la novela manifiesta una identidad cultural que no persiste como herencia fija; porque es el resultado de encuentros, conflictos y aproximaciones que emergen entre todas las voces de la historia nacional, de modo que el país aparece configurado por una memoria amplia que no consigue organizarse de forma unitaria. No obstante, el autor acentúa el carácter colectivo de la memoria al final de la obra, precisamente, en el capítulo 27 destaca un «nosotros» integrado por relatos que se enfrentan a los procesos de unificación coloniales, poniendo en relieve el contraste entre el discurso dominante y la voz de los marginados.
Asimismo, siguiendo el planteamiento del objetivo general, se identificó en la novela la presencia de múltiples registros discursivos, siendo los principales: indígenas, afrodescendientes, populares, coloniales y políticos, los cuales intervienen en la elaboración del relato histórico. La convivencia de estas voces confirma que la obra está organizada sobre una polifonía que despliega diferentes perspectivas sobre el pasado de Honduras.
Al reunir percepciones que no comparten los mismos intereses ni los mismos horizontes, la obra expone que la hondureñidad se forma a través de expectativas colectivas, pero también desencantos individuales, lo cual coincide con la afirmación crítica de que la pluralidad no conduce necesariamente al consenso; es decir, ilustra las fisuras del proceso identitario nacional. En consonancia, los resultados evidencian que la heteroglosia funciona como un recurso narrativo que integra discursos procedentes de distintos contextos históricos y sociales, mostrando cómo la memoria colectiva se define a partir de relatos fragmentarios. En dicha pluralidad discursiva también se observa que la memoria histórica no es homogénea, sino interpretada a partir de ese mosaico narrativo.
Como principal aporte, se resalta que la reescritura histórica que propone la novela tampoco se presenta como sustitución de una versión por otra: es el reconocimiento de que la memoria colectiva del país está hecha de fragmentos que, en muy pocas ocasiones, se encuentran alineados. La incorporación de episodios históricos reafirma lo anterior, la obra propone una lectura crítica de la historia nacional, en la cual se visibilizan experiencias de grupos tradicionalmente relegados dentro del discurso histórico dominante.
La irrupción de voces procedentes de distintos siglos, lenguas y orígenes revela una propuesta ficcional donde la historia hondureña se sostiene en capas que se superponen sin borrar las anteriores, y este descubrimiento ilustra que el pasado no opera como fundación homogénea, más bien como un conjunto de narraciones incompletas que buscan su lugar dentro del imaginario colectivo. Al exponer estas voces en un mismo plano narrativo, la novela demuestra que la heteroglosia coincide con los referentes teóricos abordados, puesto que no solo enriquece el retrato de la identidad cultural hondureña, sino que también invita a ver la historia como un espacio donde ningún discurso agota el sentido de la experiencia compartida; y la obra, en sí misma, participa activamente en la labor de reconstruir aquello que permanece disperso, no solo en Honduras, sino también en Centroamérica y, Latinoamérica.
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CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Hernández Cruz, H. (2026). Identidad cultural y reescritura de la historia hondureña a través de la heteroglosia en Rey del albor, Madrugada de Julio Escoto. Islas, 68(215), e1756. https://islas.uclv.edu.cu/index.php/islas/article/view/1756
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