ISLAS 68 (214): e1660; mayo-agosto, 2026

Recepción: 29/08/2025 Aceptación: 09/01/2026

Artículo científico

Prácticas culturales en la asociación Colonia Española de Camagüey (1899-1932)

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Cultural practices of the Spanish Colony of Camagüey association (1899-1932)

 

Mailén Celia Fernández Morejón

Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, Camagüey, Cuba

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8174-3169

Correo electrónico: mailen.fernandez@reduc.edu.cu

María del Carmen Veliz Torres

Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, Camagüey, Cuba

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4042-9157

Correo electrónico: maria.veliz@reduc.edu.cu

RESUMEN

Introducción: El artículo caracteriza las prácticas culturales desarrolladas en la asociación Colonia Española de Camagüey entre 1899 y 1932, institución fundada por inmigrantes hispanos con el doble propósito de adaptarse al medio receptor y preservar su identidad cultural en el contexto de la República neocolonial.

Métodos: Se emplearon los métodos analítico-sintético, inductivo-deductivo y hermenéutico, combinados con la revisión sistemática de fuentes primarias (reglamentos, actas, prensa, protocolos notariales, censos y expedientes) y la triangulación de la información para interpretar las prácticas culturales como mecanismos de sociabilidad, cohesión y reproducción simbólica dentro de la comunidad inmigrante.

Resultados: Las prácticas culturales se organizaron en tres grandes ejes: recreativas (bailes, juegos de mesa, esgrima, veladas artísticas y fiestas patronales), instructivas (academia de idiomas, música, pintura, bordado y conferencias) y benéfico-religiosas (asistencia médica en la quinta de salud, servicios funerarios, misas y festividades católicas), todas articuladas mediante secciones de trabajo que ofrecían servicios diversificados a los asociados y sus familias.

Conclusiones: Las prácticas culturales resultaron indispensables para facilitar la integración de los inmigrantes a la sociedad camagüeyana, al tiempo que aseguraban la transmisión de tradiciones a las nuevas generaciones y fortalecían el capital simbólico y la identidad grupal. El estudio evidencia cómo la asociación actuó como un espacio de negociación entre la herencia hispánica y el entorno local, contribuyendo significativamente a la configuración de la cultura urbana de Camagüey en el período.

PALABRAS CLAVE: prácticas culturales; sociabilidad; asociación Colonia Española; inmigración española; identidad cultural, mutualismo.

ABSTRACT

Introduction: The article characterizes the cultural practices developed in the Spanish Colony of Camagüey association between 1899 and 1932, an institution founded by Hispanic immigrants with the dual purpose of adapting to the host environment and preserving their cultural identity within the context of the neocolonial Republic.

Methods: The analytical-synthetic, inductive-deductive, and hermeneutic methods were employed, combined with a systematic review of primary sources (by-laws, minutes, press, notarial protocols, censuses, and files) and the triangulation of information to interpret cultural practices as mechanisms of sociability, cohesion, and symbolic reproduction within the immigrant community.

Results: Cultural practices were organized into three main axes: recreational (dances, board games, fencing, artistic galas, and patron saint festivals), instructional (language academy, music, painting, embroidery, and conferences), and charitable-religious (medical assistance at the health estate, funeral services, masses, and Catholic festivities), all articulated through working sections that offered diversified services to members and their families.

Conclusions: Cultural practices proved essential to facilitate the integration of immigrants into Camagüey's society, while ensuring the transmission of traditions to new generations and strengthening symbolic capital and group identity. The study shows how the association acted as a space for negotiation between the Hispanic heritage and the local environment, significantly contributing to the configuration of Camagüey's urban culture during the period.

KEYWORDS: cultural practices; sociability; Spanish Colony association; Spanish immigration; cultural identity; mutualism.

CONTRIBUCIÓN DE AUTORÍA

Concepción y/o diseño de investigación:

Mailén Celia Fernández Morejón

Adquisición de datos:

Mailén Celia Fernández Morejón

Análisis e interpretación de datos:

Mailén Celia Fernández Morejón

María del Carmen Veliz

Escritura y/o revisión del artículo:

Mailén Celia Fernández Morejón

María del Carmen Veliz

INTRODUCCIÓN

Las investigaciones de las asociaciones de inmigrantes españoles enclavadas en Cuba, en las diferentes etapas, están presentes en la historiografía cubana desde finales del siglo xx, fundamentalmente relacionadas con la historia social, cultural y con la antropología, lo cual permite enriquecer la historia regional y local. De ahí el interés en estudiar el desarrollo de la sociabilidad y las prácticas culturales en estas asociaciones.

En la provincia de Camagüey se crearon diversas sociedades en todo el territorio, destacándose las asociaciones Colonias Españolas de principio del siglo xx; legando a la cultura cubana componentes étnicos fundamentales, costumbres, tradiciones, patrimonios sociales; por solo mencionar algunos elementos.

Las Colonias Españolas, como tipología asociativa, surgieron hacia el interior del país y adquirieron características disímiles de acuerdo con la región donde se asentaron los inmigrantes hispanos y el poder económico que acumulaban. Algunas de estas sociedades tenían carácter mutualista, otras de recreo, artístico-literarias o de beneficencia. Los servicios y actividades desarrollados en estas instituciones sirvieron como medio para mantener su cultura e integrarse a la sociedad cubana.

Estas investigaciones se han llevado a cabo partiendo de la sociabilidad como categoría principal, estudiada por el francés Maurice Agulhon y otros historiadores de España y Latinoamérica; es una concepción que integra los aspectos más formalizados de la vida asociativa en su conjunto y aquellos aspectos menos estructurados de la cotidiana o informal, como el mundo de los cafés, las plazas, las tabernas, entre otros espacios.

Asimismo, el comportamiento de los modelos y prácticas asociativas en España y algunos países de Latinoamérica enfoque abordado con estas perspectivas contemporáneas por Cardonetti (2022), Carrero (2025), Lázaro y Raya (2025) De ahí el interés por indagar en las prácticas culturales desarrolladas por estas asociaciones de inmigrantes españoles, distintivas del grupo y que estimularon el ascenso de las sociabilidades.

El desarrollo de esas diversas prácticas culturales dentro de la asociación nos hace reflexionar sobre las funciones que cumplían dentro del entorno de las sociedades, los espacios donde se desarrollaban y la participación social en las actividades que componían las diversas prácticas. En ellas se propició un ambiente de unión entre diferentes generaciones, la participación de socios de diferentes regiones españolas, de las familias, de la mujer, rompiendo en ocasiones algunos patrones de la época o generando conflictos entre ellos. Según Agulhon (2009) una evolución progresiva de la sociabilidad consistirá, entonces, en la aparición de asociaciones voluntarias «el partido, el club, por oposición a la familia, el taller, el estado cada vez más numerosas y diversificadas, y, por otro lado, en el paso del estadio informal […] al estadio formal» (p.15). Por lo expresado anteriormente se puede apreciar el proceso transformador en la Colonia Española de Camagüey.

También se parte de la concepción de prácticas culturales, desde el campo de diversas ciencias sociales como la Historia, la Sociología, y se integra al interés por comprender e interpretar la construcción de diversas formaciones sociales. Asimismo, a las formas de articulación de las estructuras, al sistema de organización simbólica, al sentir, decir y actuar de las personas en los escenarios donde ocurre la cotidianeidad desde las regiones hasta la nación.

El estudio de las prácticas culturales se centra en los procesos históricos, los individuos y los grupos; estos definen sus lugares sociales, con base en las formas de vida que sugieren los usos de la cultura y las prácticas. Es fundamental para comprender la organización de la vida humana, en el espacio-tiempo en que sitúa a la práctica de la vida cotidiana, en los relatos y las representaciones con las que construyen las identidades.

Desde la concepción de Bourdieu (2002) las prácticas culturales se refieren a las actividades, las tradiciones y las costumbres que un grupo de personas lleva a cabo y que son parte de su identidad cultural. Esto puede incluir desde rituales, festivales y celebraciones, hasta formas de arte, música, gastronomía y modos de vida. Estas prácticas son fundamentales para la cohesión social, transmisión de valores y conocimientos de una generación a otra. En esencia, son las maneras en que las comunidades expresan su cultura y se conectan entre sí. Donde existen elementos claves como el habitus, campo, capital cultural y reproducción social.

La investigación tiene como objetivo caracterizar las prácticas culturales de los inmigrantes hispanos en la asociación Colonia Española de Camagüey (1899–1932). Este artículo ofrece, desde la perspectiva de los estudios regionales y locales, algunos rasgos de estos inmigrantes y su influencia en los procesos históricos y culturales en la región, que son de vital importancia para comprender en la actualidad muchos de los procesos que ocurren.

De allí la pertinencia del concepto de prácticas culturales concebidas como sistema de representación y acción social, como factor determinante de la construcción de identidades individuales y colectivas, por la importancia en la comprensión de las sociedades contemporáneas. Sobre todo, en una sociedad que según Álvarez Pitaluga (2021) que combina el amalgamiento racial, religioso y sociocultural con sus diferentes expresiones, lo que estaba sucediendo en Cuba desde el siglo xix y se convirtió en el sello distintivo, con su impacto en el siglo xxi:

Uno de los resultados más asentados de aquella mixtura entre lo africano, lo español y, en menor medida, lo aborigen, fue la fusión de etnias y culturas que dio como resultado un sujeto social entre lo blanco y lo negro, lo mulato. Tal amalgama no solo fue la simple unión de pieles, sino, además, la combinación de maneras de pensar y ver a Cuba como país y nación. (p. 25)

Las prácticas culturales se manifiestan en un primer momento como las actividades específicas que realizan las personas dentro de un campo cultural determinado (artístico, académico, religioso, deportivo, escolar, científico, etcétera), que están orientadas a la formación y/o a la recreación; presupone que son espacios sociales que se van abriendo y consolidando históricamente, que al interno de cada campo hay lógicas, así como en cada uno de ellos hay procesos de formación específicas.

Las identidades culturales se refieren a la transformación de las sociedades modernas, en las que se observan cambios en el paisaje cultural de clase, género, etnia, nacionalidad y otras. En consecuencia, el sujeto postmoderno enfrenta la pérdida de sentido de estabilidad y permanencia de un significado de sí, cuyo vacío debe llenar en el consumo cultural.

Según Stuart Hall, las concepciones e ideas que perciben las sociedades homogéneas de sujetos integrados a sistemas de organización social y en los sistemas que contengan su comprensión en un relato, se encuentran puestas en duda ante las maneras en que vivimos, nos comunicamos, representamos y actuamos (Hall, 2013). De ahí el regreso a viejas cuestiones del mestizaje, las culturas populares, las identidades en relación con las posturas divergentes de los interculturalistas y los postcoloniales.

METODOLOGÍA

Esta investigación se enmarca en la historiografía social y cultural, recorre el proceso fundacional y los primeros pasos de la asociación. En un panorama asociativo cubano con una variedad de tipologías, resaltan las prácticas culturales de sociabilidad como elementos distintivos. De esta forma las actividades recreativas, de instrucción, benéficas, religiosas o médico-asistenciales, podían distinguir a la asociación Colonia Española de otras como el Orfeón Germanor Catalán, sociedad coral surgida en 1915; el club de fútbol Cuba-Canaria Sporting, fundado en 1919 o el Club Asturiano de Camagüey de 1921, todos con prácticas culturales, elementos étnicos y objetivos diferentes.

Para el diseño y análisis se tuvo en cuenta el concepto de sociabilidad «entendida como la actitud de vivir en grupos y consolidar los grupos mediante la constitución de asociaciones voluntarias» (Agulhon, 1994, p.55). En este aspecto el autor parte del desarrollo de una diversidad de actividades, díganse las prácticas culturales de diversos grupos humanos y que se constituyen en tradiciones y costumbres, habitus según Bourdieu. Continuando con la concepción bourdeliana, en el espacio de la asociación hay una organización simbólica al sentir, decir y actuar de las personas en los escenarios donde ocurre la cotidianeidad, este es su campo, donde se generan tensiones y luchas de poder en diferentes ámbitos; estas expresiones generan el capital que puede ser cultural, social o simbólico y la reproducción social, heredando así las cualidades del grupo a través de las generaciones.

Estas estructuras sociales moldean las prácticas en distintos campos y están presentes dentro del complejo asociativo e influyen en el desarrollo de la sociabilidad pues, según Agulhon (1994, 2009), en los grupos en que se encuentran en constante movimiento, existen numerosas y diversas relaciones interpersonales, desde la familia, la parroquia, el trabajo o el círculo etario, por solo mencionar algunos presentes en la asociación estudiada; en ella también se generan tensiones de poder, de género, clasistas y de diversa índole. Por otra parte, esta variedad de actividades, también requiere que se fortalezca la organización interna para convertirse en una asociación con oficina, con al menos un local y sus estatutos.

Por ello se expresa que las prácticas culturales contribuyen al desarrollo de la sociabilidad y de la identidad del grupo de inmigrantes asociados a la Colonia Española de Camagüey; y que lejos de ser una esencia fija, esta identidad, en términos de Hall (2013), es una producción que nunca está completa, siempre en proceso de formación que se refleja durante el período seleccionado para el estudio.

Para la investigación se utilizaron métodos como el histórico–lógico que proporcionó seguir un orden cronológico, el análisis de la configuración de las principales características de la vida colectiva de la asociación a través de los documentos históricos, durante el establecimiento del sistema neocolonial en las primeras décadas del siglo xx; en una secuencia de lo general a lo particular y viceversa.

El método analítico-sintético permitió examinar la información recopilada, analizar los documentos, la bibliografía y determinar lo esencial para la investigación. Conllevó a la comprensión del período histórico y su incidencia en el fenómeno. Descompone e integra el objeto de estudio desde una visión totalizadora y posibilita exponer los resultados de manera coherente y concreta. Igualmente permitió el análisis de cómo las estructuras y formas de la asociación facilitaron o condicionaron las prácticas culturales.

El método inductivo-deductivo permitió evaluar los servicios prestados por la asociación a sus miembros, vinculados a la práctica asociativa de la misma, dentro de un contexto histórico concreto a partir de los datos aportados por múltiples fuentes y su análisis crítico. Esto permitió trasladar datos históricos a significados culturales, esencial para un estudio que busca deducir cómo una comunidad de inmigrantes se integró a la vida cotidiana de la región.

El método hermenéutico permitió interpretar críticamente las prácticas culturales de la asociación Colonia Española de Camagüey desde una perspectiva histórica y social mediante la interpretación de fuentes históricas para descifrar significados subyacentes. Estas fuentes se seleccionaron de acuerdo a la relevancia de los documentos históricos, que aportaron datos de la asociación, así como de sus actividades fundamentales en el entorno camagüeyano. Además, se profundizó en el significado de las prácticas culturales como mecanismos de cohesión, resistencia o negociación identitaria, incluso su papel en la reproducción del capital simbólico o en las tensiones de género y clases sociales hacia su interior.

En relación con las técnicas, se potenció la revisión de documentos para el procesamiento de la información, la cual sustenta la investigación, entre ellos aparecen incluidos las leyes, los decretos, los censos, el reglamento oficial de la asociación, el expediente dentro del Fondo del Registro de Asociaciones, los protocolos notariales, las Actas Capitulares del Ayuntamiento entre 1899 y 1932, las fotografías, los mapas, entre otras fuentes documentales del período y las publicaciones de la época, tanto nacionales como regionales. Luego, se trianguló la información, recurriendo a una técnica propia de la investigación histórica. En el proceso de análisis se clasificaron temáticamente los documentos de acuerdo a las prácticas culturales desarrolladas dentro de la asociación estudiada. Estas fuentes se consideran indispensables en el desarrollo de la historia de la sociabilidad.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

El panorama sociohistórico de estas formaciones sociales, convida a reflexionar sobre las divergencias de las historias oficiales de la cultura local, regional, nacional y su articulación con las dinámicas políticas en el período comprendido entre 1899 a 1932 del siglo xx. En este período se lleva a cabo el tránsito entre el dominio colonial y la instauración de la República, el auge tecnológico e industrial, la migración rural y extranjera, lo cual conlleva a la transformación de la sociedad cubana.

La transformación de la ciudad de Camagüey hacia la modernidad y su cultura urbana estuvieron condicionadas por el contexto de redefinición. En el nivel analítico y en el interpretativo se retoma el enfoque socio-histórico del análisis cultural (Bourdieu, 1998 b; Burke, 2006; Hall, 2017) con la intención de dar cuenta en el campo simbólico de interés para la ciencia social de la región y el país.

La asociación Colonia Española de Puerto Príncipe1

Establecida desde el 30 de abril de 1899, por algunos civiles miembros del Casino Español de Puerto Príncipe, que no pertenecían a la oficialidad del ejército evacuado al finalizar la guerra; aunaron esfuerzos económicos y convocaron a los españoles en el territorio, a la creación de una nueva entidad que: «agrupara a sus componentes y que fuera la casa de todos, que sirviera de exponente público de su postura colectiva» (Alepuz, 1943, p.6) en su mayoría relacionados con el comercio y los servicios.

La asociación denominada Colonia Española de Puerto Príncipe (después cambia su nombre a Camagüey) tenía un carácter instructivo-recreativo y benéfico; también desplegó características mutualistas para auto sustentar los servicios médicos establecidos en la clínica de la Purísima Concepción, incluida dentro de la sección de beneficencia. Estaba regida por la Junta General de Socios, una Junta Directiva que, a su vez, para mejor trabajo, tuvo tres secciones y diferentes tipos de socios, los cuales se dividían en fundadores de número y pensionistas de otras Colonias Españolas o contratados de dependencias.

Partiendo de la composición heterogénea de la asociación, se caracterizó por ser un espacio asociativo fundado por las capas medias, donde predominaban los comerciantes con recursos financieros, pero donde se encontraban los profesionales de diferentes ramas: artistas, médicos, abogados o trabajadores públicos, entre los más significativos; estos a su vez fueron creadores también de otras instituciones que ayudaron al desarrollo del territorio en múltiples aristas.

En este sentido el surgimiento de sociedades como la Colonia Española, se realizó en busca de unidad, no solo para proteger intereses culturales, sino en lo fundamental para mantener o retomar prácticas asociativas distintivas de un grupo de inmigrantes. A través de su sociedad y de las actividades desarrolladas en ella, los integrantes tenían un medio para sostenerse, reproducir su estatus y alcanzar reconocimiento social. Este entramado de redes dentro de su mundo asociativo desarrolló un grupo de prácticas culturales dentro de la asociación y a su vez la fortalecía. De acuerdo con Agulhon (2009) sobre el desarrollo de las actividades y la sociabilidad:

Esta vitalidad de las asociaciones es un buen indicador de la sociabilidad general de una colectividad humana, no debería dar lugar a objeciones. Cuanto más numerosas y diversas son las relaciones interpersonales, más grupos se ponen en juego: la familia, la parroquia, el trabajo o el grupo de edad son una suerte de mínimo encuadre, al que vendrán a agregarse, o no, el partido político, el club deportivo, la sociedad de beneficencia, o lo que pueda imaginarse. Por otro lado, cuantas más actividades tiene una asociación, más requiere fortalecer su organización interna. (p. 39)

De 1899 a 1904, la asociación tuvo como objetivo integrarse a la vida social cubana bajo las nuevas condiciones que impuso la primera ocupación militar norteamericana; esta trajo consigo un proceso de cambio social, determinado por la situación económica y política en la que se vio inmerso el país. Se caracterizó como un período de asentamiento inicial, para establecer los servicios indispensables. En 1901 tenía un dispensario en la quinta San Zenón de Buenos Aires y, aunque la asistencia médica realizada era modesta, marca un referente significativo: cumplir con los servicios indispensables para con sus socios y que a su vez no ocasionaran más gastos de los necesarios, así como el respeto del reglamento para el acceso a la institución y a las formas de inscripción, para los hombres mayores de catorce años, quienes podían incluir a sus familiares cercanos para el disfrute de los servicios.

De igual forma, se proponía exigir al Ayuntamiento por el cumplimiento de sus derechos como asociación, ante reclamaciones desiguales por las patentes de los billares, la venta de alcoholes, exigidos a cumplir con la tarifa completa de los impuestos legislados para este tipo de juegos en establecimientos públicos. Dichos servicios eran de uso exclusivo de los socios y solo se cobraba una pequeña cuota para acceso al local que servía para el mantenimiento del mismo.

Formas y espacios de las prácticas culturales dentro de la asociación

Las prácticas recreativas en las asociaciones de inmigrantes españoles en Cuba, a principios del siglo xx, reflejaron un proceso de adaptación, resistencia e integración cultural. Las asociaciones de inmigrantes españoles mantuvieron prácticas de recreo arraigadas en sus costumbres peninsulares, que funcionaron como mecanismos de cohesión social y reafirmación identitaria. En el caso de la Colonia Española de Camagüey se destacaban: los juegos de mesa como el billar, las cartas, el dominó y otras actividades fundamentalmente masculinas, heredadas de la tradición hispánica que se consolidaron como entretenimientos populares; no solo servían como distracción, sino que reforzaban lazos comunitarios y jerarquías sociales dentro de los grupos inmigrantes.

Estas prácticas de recreo de los inmigrantes españoles en Cuba fueron un campo de conciliación entre la preservación identitaria y la adaptación al entorno local. A través de asociaciones y rituales lúdicos, no solo mantuvieron vínculos con su origen, sino que influyeron en la construcción de una cultura cubana mestiza, marcada por tensiones entre lo hispánico, lo africano y lo autóctono. En diversos estudios de Guanche (2009) y Guerra (2008) este proceso refleja cómo el ocio actúa en la memoria colectiva y el espacio cultural. Según Fernández y Veliz (2025), la influencia de la asociación Colonia Española en la vida cotidiana de Camagüey no solo funciona como:

un espacio de reunión y conservación cultural, sino como un agente activo en la esfera pública, que contribuyó a la formación de redes sociales, a la modernización de servicios y a la conformación de una identidad local que integraba lo hispánico y lo cubano. Su estudio, por tanto, permite comprender mejor los mecanismos a través de los cuales las asociaciones de inmigrantes moldearon la vida urbana de Camagüey de principios del siglo xx. (p.23)

Estas tradiciones son impulsadas dentro de la asociación por la Sección de Recreo y Adorno creada en 1899; dentro de ella se organizaba toda la recreación, la propaganda y la comunicación de la asociación, con el fin del entretenimiento, crecer en afiliados y obtener contratos de otras asociaciones. El establecimiento para entretener a las personas contaba con mesas de juegos que se permitían por parte de la administración, una cafetería o cantina, salones de baile, un teatro, la biblioteca y áreas de deportes; en esta última se localizaba una sala de armas para la práctica de la esgrima.

Los bailes eran debidamente anunciados en la prensa para garantizar que llegara la convocatoria a todos, siempre teniendo en cuenta los reglamentos establecidos. Lo común era la creación de las distintas Comisiones como la Organizadora y la de Puertas, para el control del título o el billete que acreditaba como socio al asistente y el recibo correspondiente al mes último, sin este requisito no había manera de acceder al local en la noche de la velada. Igualmente, la comisión de Reconocimiento se encargaba de mantener el orden y hacer cumplir el reglamento.

Todo lo expuesto anteriormente que demuestra la meticulosa organización de los bailes, lejos de ser un mero procedimiento administrativo, operaba como un ritual de distinción y control social. El requisito de presentar el título de socio y el recibo al día funcionaban como un mecanismo de frontera simbólica según Bourdieu (2002), excluyendo no solo a los no asociados, sino también a aquellos miembros más humildes que se inscribían en busca de poder acceder a los servicios médicos asistenciales como mínimo; de esta forma se reproducían internamente las jerarquías económicas dentro de la comunidad inmigrante. Estas comisiones (Organizadora, de Puertas, de Reconocimiento) institucionalizaban un habitus asociativo basado en el orden, la formalidad y la vigilancia mutua, valores que la burguesía comercial de origen español buscaba afirmar en el nuevo contexto postcolonial camagüeyano.

Al igual que la asociación homóloga Colonia Española de Nuevitas2, las prácticas culturales recreativas tenían su significado simbólico dentro de la construcción identitaria. Al respecto Fernández (2025) comentó cómo estas prácticas reproducían jerarquías sociales de origen, clases o género; además del papel mediador entre la cultura española y la cubana.

Este espacio organizaba tertulias, bailes y otras actividades recreativas que reproducían el estilo de vida, de los socios impulsores; en su mayoría pertenecientes a la burguesía comercial y ganadera […]. Aunque esto no excluía la existencia de capas sociales humildes dentro de la asociación como jornaleros, carpinteros, hojalateros y otros dentro de la clase obrera, si queda claro a través de las diferentes fuentes documentales que estas capas no se vieron representadas dentro de la Junta Directiva que regía los destinos de la sociedad. (p.20)

También se puede apreciar que la adquisición de un nuevo edificio social en 1904, facilitó la vida asociativa, permitió la consumación de nuevos espacios para realizar sus funciones socio-culturales y la extensión de los servicios. En la recreación se ampliaron los salones de reuniones y bailes, los billares, la cantina, las áreas deportivas, la biblioteca, así como la disposición para futuros cursos de instrucción, en lo que a partir de ese momento se llamaría Centro de la Colonia Española de Camagüey. Es así como se inicia la consolidación de la asociación en varias de las secciones.

Entre sus actividades fundamentales estaban las fiestas patronales, veladas lírico- dramáticas —como el concierto musical de los alumnos de la Academia— actividades de beneficencia y participar en las fiestas populares como el tradicional San Juan camagüeyano. Aunque la celebración no fue la prioridad, no fueron desatendidos, en algunas fechas conmemorativas eran realizadas frecuentemente. La aprobación de los bailes estaba regida por la Junta de Gobierno, que determinaba su realización de acuerdo con los intereses que se favorecían, como la educación complementaria y servicios médicos, pertenecientes a las Secciones de Instrucción y Beneficencia respectivamente.

En este sentido, se encuentran dentro de las actividades, el 4 de febrero, velada en Honor a la reina de la belleza; bailes por el San Juan camagüeyano del 24 al 29 de junio; el concierto de fin de curso de la escuela y exposición de Pintura y Bordado; celebración del día de Santiago Apóstol (patrón de España), el 25 de julio; graduación e inicio de los diferentes cursos en agosto; el día de las Razas, el 12 de octubre en conmemoración de la llegada a América de Cristóbal Colón; el 8 diciembre, la velada cultural y fiesta religiosa por la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María; y los bailes por el fin de año.

En 1913, se empiezan a dar los primeros pasos en la Sección de Propaganda. De igual forma comenzaban sus primeras gestiones en los servicios funerarios, muy sencillo en un principio; consistía en el envío de flores al Panteón de Españoles en Santa Ifigenia, erigido en conmemoración a los soldados caídos en la defensa de esa ciudad durante la Guerra Hispano-cubana-norteamericana, por iniciativa de la asociación Colonia Española de Santiago de Cuba.

Se destacan dentro de las prácticas culturales en la asociación las religiosas, vistas como expresiones complejas que integran creencias, rituales y normas en un marco simbólico y social. Estas se definen por actividades rituales, festividades y normas que buscan vincular a los individuos con lo sagrado o trascendente; también se celebraban ceremonias estructuradas para reforzar la conexión espiritual, por ejemplo: festividades como la Purísima Concepción o la Navidad que marcan eventos significativos en el calendario religioso. Estas actividades proporcionaron un legado de normas morales que guiaban el comportamiento individual y colectivo de las personas. Otras de las funciones sociales y simbólicas, como la cohesión social a través de rituales compartidos, fomentaron la identidad colectiva, como las procesiones o los festejos, que unieron comunidades.

Las actividades organizadas por la Sección de Recreo fueron ejemplo de lo mencionado anteriormente, así como las fiestas patronales, acompañadas siempre por una misa solemne y las veladas artísticas. Por la mañana se realizaba la liturgia en el Templo de la Merced y en la noche las actividades festivas en el edificio social. Algunas veces se procedía a la bendición de algún pabellón o la misa se realizaba en la quinta de salud. Los días 8 de diciembre, en honor a la Purísima Concepción (patrona de España), se hacían ambas fiestas, una velada literaria-musical en los salones del Centro con un programa previamente publicado.

Para este tipo de festividades se les permitía a los socios participar con sus familias, traer a la velada hasta dos señoritas y se pedía la colaboración de no traer niños, en la medida de lo posible o podían concurrir, pero teniendo en cuenta la necesidad de no interrumpir el orden. De igual forma las diferentes misas celebradas en la casa de la salud se convirtieron en tradición; primero en la quinta San Zenón, como la oficiada por el padre Santiago Ollé, Rector de la Escuelas Pías; y después las llamadas Misas en Campaña, celebradas en la quinta de la Purísima Concepción a partir de 1908 por distintos Obispos diocesanos de Camagüey, tales son los casos de los párrocos Valentín Zubizarreta3 y Enrique Pérez Serantes4.

Otra muestra de este tipo de actividades, donde se mezclaba lo religioso y lo benéfico, era la entrega de un viático desde la Iglesia de la Soledad al local que ocupa la casa quinta de salud, en la finca de San Zenón. El 15 de febrero de 1901 fue entregada una ayuda al socio Clemente González, por el Presidente y la Junta Directiva de la Colonia Española; al acto fueron invitados los miembros que deseaban cooperar.

Las prácticas religiosas o de tipo benéficas contribuyeron a la gestión de las crisis ante situaciones como pandemias o desastres, ofrecieron consuelo espiritual y esperanza, actuando como mecanismos de resiliencia; establecieron códigos éticos que regularon la conducta, como la solidaridad, contribuyendo a la estabilidad social.

Las actividades relacionadas con algún tipo de liturgia, trajeron debate entre los socios, pues en el reglamento se encontraba prohibida la realización de actos religiosos y políticos dentro del Centro. Sin embargo, desde su fundación, la sociedad mantiene un grupo de tradiciones de tipo religiosas como la bendición de las construcciones, ya sea el edificio social que en 1904 fue consagrado por el vicario eclesiástico, padre Martínez, así como las antes mencionadas.

La polémica se intensificó con el transcurso de los años; tuvieron lugar eventos como la colocación de una tarja bendecida en el pabellón García Alonso del hospital y la celebración del día de Santiago Apóstol, aun cuando se contradecía con lo estipulado en el reglamento de no discutir sobre política o religión. La disputa entre un grupo de socios y la Junta Directiva, generó una respuesta ante la Asamblea de Socios sobre estas actividades; como prácticas heredadas y sostenidas por los socios fundadores, portadores de dichas tradiciones y que por tanto se convirtieron en costumbres dentro de la asociación. De igual forma, la inmensa mayoría de los socios pertenecía a dicho credo, razón por la cual se mantuvieron estas prácticas, sin que se les exigiera a los demás pertenecer a la religión católica o se les impidiera disfrutar del resto de los beneficios de la sociedad.

Las prácticas culturales religiosas eran dinámicas y multifacéticas, actuando como pilares identitarios y agentes de cambio, permitiendo la asimilación de los inmigrantes españoles y considerando tanto su raíz histórica como su adaptación al medio receptor. Estas acciones tenían igualmente un perfil cultural, pues además de la misa se realizaba también el clásico brindis ofrecido por la Directiva y la presencia de la banda musical. Por la noche se realizaba la acostumbrada gala cultural.

Estas prácticas generaban una tensión entre la prohibición reglamentaria de los actos religiosos y la persistencia de misas y bendiciones, lo cual evidenció un campo cultural en disputa. Aunque la Junta Directiva representaba una visión formal y secularizada de la sociabilidad burguesa, y defendía el reglamento, también, al sector mayoritario de socios, anclado en un habitus católico profundamente internalizado, ejercía presión para que la tradición prevaleciera.

Las nuevas generaciones de inmigrantes y descendientes no profesaban credo alguno y no estaban atados a estas tradiciones. Esta negociación culminó con la legitimación de lo religioso como costumbre, demostrando cómo las prácticas culturales informales pueden reconfigurar las estructuras formales de una asociación. Más que una hipocresía, fue un acto de negociación colectiva que utilizó el capital simbólico de los fundadores y la masa societaria para imponer una identidad confesional como núcleo de la cohesión grupal.

No obstante, en las fiestas populares como el San Juan camagüeyano que se desarrollaba entre el 24 y el 29 de junio, se ofrecía un grupo de actividades para los socios. La institución no dejaba pasar por alto estas festividades, con sus acostumbrados bailes. El primero lo celebraban el día de San Juan, 24 de junio, y era una noche de disfraces para estar a tono con los motivos carnavalescos. El público habitual eran los jóvenes, esta celebración se extendía hasta la madrugada y era una vez al año. Con tal fin la fiesta era amenizada por un conjunto de música popular del patio como la Orquesta de Joseíto González. También formaban parte de la celebración el baile del día de San Pedro, y haciendo un alto para la tradicional procesión del cuerpo por calles importantes del centro de la ciudad.

La persistencia de actos religiosos, a pesar de su prohibición reglamentaria, revela la pugna entre dos formas de sociabilidad. Mientras el reglamento representaba una sociabilidad formal y secular, las misas respondían a lo que Agulhon (2009) define como formas de sociabilidad menos estructuradas o informales, arraigadas en el habitus católico de los inmigrantes. Esta tensión muestra cómo las prácticas culturales informales pueden desafiar y reconfigurar las estructuras asociativas formales.

Así mismo se destaca la celebración del día de las razas. Mucho se pudiera debatir sobre la Fiesta de las Razas, en conmemoración de la llegada civilizatoria de Colón a América, pero sobre todo como una rememoración a la historia del imperio colonial español. Se realizaba una velada en modalidad de conferencia donde se invitaba a un orador para que pronunciara las palabras principales. En esta celebración se pretendía obviar los siglos de dominación y explotación sobre los pueblos originarios. En la actualidad existe un movimiento en contraposición que impone cada vez más este día como el de la diversidad cultural o de la resistencia indígena.

Estas instituciones se encargaban de la organización de las actividades y colaboraban con la Sección de Instrucción, con el fin de lograr el desarrollo de los diferentes cursos en la academia del Centro. La evaluación de los estudiantes se hacía de forma pública ante un tribunal conformado por los presidentes de la Junta Directiva y de la Sección, así como el secretario, vocales y profesores de la misma. Eran invitados todos los socios interesados en asistir junto a los familiares. Estas evaluaciones se realizaban a finales de junio en dos momentos importantes: el primero, la Exposición de la Academia de Pintura y Bordado; y el segundo, el Concierto con los alumnos de diferentes niveles de música. La velada artístico-literaria para la entrega de los títulos y el inicio del próximo curso se hacía el último día de agosto.

Se comenzó a utilizar una sala de armas a partir de enero de 1918, la cual fue inaugurada en un acto donde solo concurrieron los amateurs de la localidad, representantes de las salas de armas de otras sociedades, del cuerpo policiaco y algunos directivos. La Colonia Española de Camagüey era líder en los campeonatos de esgrima donde asistían otras sociedades. Las especialidades que más se realizaban eran florete, espada de combate y sable. Dirigidos por el maestro y director Desiderio Ferreira, en ocasiones celebraban duelos entre el maestro y algunos de sus alumnos.

Las prácticas de instrucción, en las sociedades de inmigrantes españoles en Cuba, reflejaron un entramado de presupuestos que combinaban la preservación identitaria a través de la enseñanza de tradiciones y la adaptación al contexto local, donde se enseñaban elementos de la educación básica para optar por mejores ubicaciones laborales tales como: la enseñanza del inglés, teneduría de libros, bordado para las mujeres, entre otras. De esta forma durante los primeros años se potenció la opción de lectura de obras de la literatura y los principales periódicos de Cuba y la región, como El Camagüeyano y el Diario de la Marina (principal órgano de prensa que representaba a los españoles en Cuba).

Desde la Sección de Instrucción, surgida desde los primeros años, se pretendió el establecimiento de cursos que se orientaran hacia la cultura general y las bellas artes. Para lograr este objetivo dentro de la sociedad se desarrolló una modesta academia de educación complementaria, encaminada a la enseñanza cultural en general de acuerdo con las necesidades del hombre en su entorno. Esta floreció con el establecimiento de un espacio propio como edificio social.

A partir de abril de 1907 cobró auge con el inicio del primer período académico terminado en 1908, bajo la dirección de Joaquín Rodríguez Fernández, quien nombró los primeros profesores de tres asignaturas: como profesor de Dibujo y Pintura, al pintor catalán Juan Albaijés5; de Idioma Inglés, a León Hart; en Aritmética y Teneduría de Libros, a José Márquez. En octubre se implementó la clase de Música nombrándose al profesor Gregorio Cánovas.

A partir de este momento existiría un trabajo constante sobre lo que ellos nombrarían Academia de Artes, Idioma y Labores con sus respectivas escuelas. Las clases se instauraron en los períodos desde septiembre hasta junio. Se estableció la división por escuelas: la de Bellas Artes comprendía los cursos de Música, Dibujo y Pintura; Labores, el de Bordado y la de Idioma Inglés.

El currículo de los cursos de la Academia no respondía a un afán pedagógico abstracto, sino a una lógica estratégica de adaptación y reproducción social. La enseñanza del inglés y la teneduría de libros constituían una inversión en el capital cultural técnico, directamente convertible en el capital económico dentro de un mercado local dominado por el comercio y la influencia norteamericana. Paralelamente, las clases de bordado y música para mujeres, aunque presentadas como refinamiento, operaban como tecnologías de género que perpetuaban su rol social. Esta dualidad muestra cómo la asociación actuaba como una instancia de reproducción de clase: capacitaba a los hombres para competir en la economía neocolonial, mientras instruía a las mujeres en los signos distintivos de una burguesía hispana que quería diferenciarse, incluso en el ámbito postcolonial.

De ahí que cada curso tuviera un objetivo específico; la implementación del inglés estuvo impulsada por las necesidades existentes en el territorio de dominar este idioma, sobre todo para las actividades comerciales a las que se dedicaban buena parte de los socios, en una ciudad cabecera de la provincia con una marcada presencia de capital y mercancía norteamericana.

Teneduría de libros, garantizaba herramientas útiles para todos aquellos insertados en el área del comercio, la pequeña industria y los servicios. Un alto porcentaje de los socios dominaba sectores importantes como las panaderías, los almacenes de víveres (más conocidos como bodegas), las cafeterías, las tiendas de todo tipo desde mixtas hasta especializadas, las licorerías, las cantinas, las industrias menores, como manufacturas de refrescos, fósforos y otros; lo que se manifiesta en una muestra de sociedades comerciales creadas durante el período, en la unión de capitales para la creación de estos negocios vinculados a los servicios. En su generalidad estas sociedades comerciales fueron formadas entre familiares o paisanos.

Un elemento notable era la premisa que ofrecían las clases de bordado a las estudiantes, no solo desde el punto de vista decorativo, sino que preparaba a las mujeres en estas labores hogareñas y les garantizaba, mediante la costura, una opción de empleo desde la casa, lo cual sugiere el acceso condicionado de las mujeres a la sociabilidad dentro de la Colonia Española; esto revela la inscripción patriarcal de la asociación y limita su presencia en el espacio público de la institución.

En los casos de Música y Pintura buscaban aparentemente un refinamiento cultural, exigido por los estándares sociales de diferentes estratos. El mayor por ciento entre los sobresalientes radicaba en las alumnas de Pintura, Dibujo, Música y Bordado, no así los hombres que se distinguían en Inglés y Teneduría de Libros. Desde la instrucción de Labores, Música y Pintura las mujeres tenían opciones y espacios de inclusión dentro de la sociedad, así como la participación en las actividades recreativas, pero siempre con la condicionante de estar acompañadas o autorizadas por el padre, el hermano o el esposo, quienes eran los socios.

Las mujeres no eran sujetos plenos de la asociación, sino una extensión del capital social del hombre (padre, esposo, hermano). Esta norma, más allá de proteger, regulaba su presencia, convirtiendo las actividades recreativas en un escenario para la reproducción de los roles de género tradicionales de la sociedad española decimonónica. Así, mientras la asociación servía de mecanismo de integración para los hombres, para las mujeres funcionaba principalmente como un espacio de socialización controlada, donde su participación estaba supeditada a la transmisión de un capital cultural femenino (bordado, música) que reforzaba su lugar en la esfera doméstica.

Se destacaba en la clase de Música la presencia, desde sus inicios, de profesores masculinos. Entre ellos: el profesor Joaquín Ramonet, quien se ocupaba del curso en 1913 y era un conocido profesor en la provincia; y el profesor Gregorio Cánovas, quien creó un conjunto con las estudiantes, a quienes presentaba en las veladas del Centro. Las mujeres fueron ganando su espacio, entre ellas la profesora Luz Esperanza Estrada Zayas, quien impartió Solfeo del primer al cuarto nivel y las clases de Piano desde el primero hasta el séptimo.

La pintura se estudiaba en diferentes niveles: preparatoria, elemental, cuatro niveles de acuarela y de óleo. Fueron renombrados por sus resultados en los cursos, el mencionado Albaijés y Herminia Márquez. Los géneros más tratados dentro de la misma eran figuras, flores, paisajes, motivos religiosos y retratos para los más avanzados. Los diferentes profesores propiciaron estilos desde el Barroco hasta el Romanticismo, que se podían observar en las exposiciones.

Desde 1913 se perfeccionó la Sección de Instrucción al agregarse nuevos profesores y cursos; también se reformaron los locales de las aulas para mejor comodidad y condiciones higiénicas al incluir baños en la sala de armas (atención compartida junto a la Sección de Recreo). En la biblioteca entraron por donación nuevos textos como Historia de España de Francisco Pi y Margall.

También fueron impartidas en el Centro conferencias especiales por Vicente González de Castro, Enrique Valencia, Eduardo Zamacois y Eva Canel, por citar algunos ejemplos. Los temas fundamentales fueron sobre las nuevas leyes electorales, la lengua española, autores contemporáneos y su literatura. La visita de intelectuales no fue un simple evento cultural, sino un ritual de consagración y prestigio. Al patrocinar estas conferencias y agasajar a las figuras, la Colonia Española realizaba una puesta en escena de su capital simbólico ante la sociedad camagüeyana.

Fue notable el trabajo por parte de esta Sección, encargada del recibimiento de algunas personalidades de viaje por Camagüey, que siempre dedicaron un tiempo para compartir con los socios de la Colonia Española. Se manifiestan los vínculos trasatlánticos con las visitas de algunos intelectuales españoles que hacían propaganda de la hispanidad en un contexto postcolonial.

Así la periodista española Eva Canel, quien está de visita en la ciudad en 1914, fue atendida con diferentes actividades, entre ellas: visitas al director del periódico El Camagüeyano, a la exposición de fin de curso de Bordado y Pintura e invitada a la gala por el día de Santiago. Valoró de magnífica la exposición de pintura que se encontraba en el salón, así como la colección de bordados artísticos.

Renombradas fueron las conferencias de Zamacois6, quien llegó a la Colonia Española de Camagüey como parte de este periplo de casi tres meses por las principales ciudades de Cuba. Invitado por la asociación y por el Consulado español en la ciudad, que se encargaban de sus gastos y de la recepción en los salones del Centro. Las conferencias se impartieron en los días 17 y 18 de julio de 1917; estas fueron trasladadas hacia el Teatro Principal de la ciudad, pues el orador usó la proyección de cintas cinematográficas durante su discurso a teatro lleno, las dos noches. Los titulares catalogaron esas noches de muy populares y concurridas. El tema de la primera fue Mis contemporáneos, el ya anunciado discurso sobre los mejores autores de la literatura española del momento, delante de los socios de la Colonia Española (en su mayoría coterráneos y descendientes de estos) y el público en general; empleó filmes de ellos de su vida cotidiana, con anécdotas y ocurrencias. Así lo recogió el cronista Dosage (1917a) de la revista Camagüey Gráfico:

nos hizo conocer a los principales entre los mejores (aunque faltaron algunos y ya dije el por qué) de los novelistas, poetas y autores teatrales de la España moderna; presentándoles en el lienzo, filmándolos en sus casas, en las calles, en varias poses y detallando esos films con anécdotas de la vida de cada uno de ellos. (p. 1)

La segunda conferencia La España Trágica fue sobre el toreo desde la antigüedad, en la cual se presentó una corrida de toros filmada completamente. Este artista intercambió y ofreció, a los inmigrantes hispanos y ciudadanos de la localidad, una visión moderna sobre la historia y cultura españolas. Las tradiciones, la vida cotidiana y las corridas de toros sobresalieron por su difusión; incluso el propio cinematógrafo resaltó estas actividades como parte del quehacer artístico de principios del siglo xx español, donde se destacaban estas temáticas y otras como la obra de los pintores y escritores españoles del primer cuarto del siglo xx. Estas conferencias fueron acompañadas por lo que algunos estudiosos han denominado como una de las primeras aventuras cinematográficas españolas en la época del cine silente, y donde su voz dio vida a las imágenes que mostraba…«a los que por primera vez veían una corrida completa aunque esta fuera en el cine». (Dosage, 1917a, p.1)

Ambas conferencias perseguían distintos fines como el propio autor expresó en entrevista a la revista española Nuevo Mundo sus propósitos:

Yo he utilizado el cinematógrafo en su aspecto más noble para hacer vivir en el film a las personas que admiramos y queremos… El retrato es frío; es la imagen muerta, rígida, sin calor en la mirada, sin gracia, sin ritmo. El cinematógrafo añade a la exactitud de la fotografía la verdad suprema de movimiento, que es la vida misma. Conforme a estas ideas, tan bellamente expuestas, tendrán vida en el film el maestro Pérez Galdós, Valle Inclán, Pío Baroja, Azorín… algunos más cuyos nombres honran a la España literaria y artística. (Pendás, 1917, p. 22)

A decir de la prensa camagüeyana Zamacois, además de ser un hombre culto, las conferencias fueron un acercamiento a la cultura, en aristas específicas como el idioma, la literatura, las costumbres de la España añorada, y convida al intercambio cultural entre españoles y latinoamericanos para buscar una aproximación de las tradiciones afines entre los pueblos hispanohablantes. Sobre este ciclo de conferencias la prensa señaló:

ha continuado el Sr. Zamacois, escribiendo, en esa magna obra, un nuevo capítulo, capítulo ilustrado por procedimiento moderno: el cine. Esta labor que se intenta ante el temor de la absorción…es una necesidad sentida, y por eso vienen predicando ese acercamiento entre razas afines. (Dosage, 1917 b, p.1)

El uso del cinematógrafo por Zamacois era una declaración de modernidad y vanguardia. La asociación, al acogerse a este gesto, no solo recordaba su lealtad a la cultura peninsular, sino que buscaba reposicionarse como un agente cultural moderno dentro de la localidad, disputando el sentido de progreso en un contexto donde la hegemonía estadounidense era palpable. Eran actos de diplomacia cultural que reforzaban su estatus de élite. Y aunque pareciera que podría generar un ambiente de tensión entre lo local y lo peninsular, ciertamente la prensa actuó como instrumento de legitimación para proyectar una imagen de prestigio e integración.

Un ciclo especial estuvo dedicado en 1928 al análisis de la obra Alcalá de los Zegries de Ricardo León y Román7, con tópicos sobre la mujer y el honor, impartidos por el periodista camagüeyano Ángel Hernández Navarro8.

Según Juárez-Cano (1931) historiador de Camagüey, la Sección de Instrucción «estaba a cargo a partir de 1930, de Eugenio Álvarez Moreda, como secretario, Alejandro Bacelar Blanco y los vocales Cándido Muñiz Muñiz, Ángel Campollo Torres, Jesús Couso López y Juan Romeu Giber» (p. 158). En ese momento contaba con profesores para todas las aulas: Idioma Inglés, Música, Pintura, Bordados y Teneduría de Libros.

Los estudios migratorios ofrecían marcos para entender la función de estas prácticas de instrucción o educativas. Estos enfoques revelan cómo la instrucción cultural servía tanto para la movilidad social como para mantener estructuras de poder, la transmisión intergeneracional y el capital simbólico. Estas prácticas no fueron estáticas, sino que se adaptaron al contexto cubano mediante procesos de mezcla cultural. Las asociaciones de inmigrantes españoles de principios del siglo xx en Cuba buscaron modernizar a sus miembros mediante la educación técnica y profesional, vinculada a sectores como el comercio y la agricultura.

La familia también fue un eje central en la instrucción cultural. Los inmigrantes españoles, especialmente mujeres, transmitían habilidades domésticas (cocina, rituales religiosos) y valores como el honor y el trabajo duro. Este proceso se relaciona con el concepto de capital cultural (Bourdieu, 1998 a) donde el conocimiento heredado otorga ventajas simbólicas. Como inculcar el uso del idioma según su región de procedencia en el hogar, dígase el gallego o el euskera, asegurando su continuidad.

Los hijos de inmigrantes accedían a redes sociales y económicas a través de la pertenencia a asociaciones, facilitando su inserción en sectores dominados por los españoles. También fueron estas prácticas un elemento de resistencia y redefinición identitaria postcolonial, tras la independencia cubana, algunas tradiciones españolas enfrentaron tensiones frente a sectores nacionalistas que reinterpretaron símbolos hispánicos para criticar el colonialismo, transformando su significado; es el espacio de instrucción dentro de la asociación, un lugar para la resistencia cultural; alineándose según Hall (2017) con teorías poscoloniales que analizan cómo las comunidades migrantes gestionan su legado en contextos de dominación. Además, la instrucción cultural se volvió un puente entre ambas identidades jugando un papel a posteriori para la migración inversa.

Desde la fundación de la asociación existe una intención por parte de la Junta Directiva de crear un espacio que sirviera para la asistencia médica y la protección de los socios, en caso de accidentes, enfermedad u otras causas. Este fue el objeto fundamental de la Sección de Beneficencia, con un marcado carácter humanitario de ayudar y asistir a quienes lo necesitaran mientras la situación económica del centro lo permitiera.

La beneficencia de estos primeros años se desarrollaba por gestión de los socios fundadores, que aportaban un capital para la creación de los espacios formales de la sociedad. Esas sociedades, propias de la inmigración hispana, adoptaron una configuración por colectividades regionales y se expandieron a otras tipologías asociativas. Sin embargo, las asociaciones denominadas Colonia Española, donde la unidad fue nacional, prevalecieron ante las diferentes regiones.

La asociación Colonia Española de Camagüey fue una tipología asociativa que tuvo como primer fin su carácter instructivo-recreativo y benéfico; también se destacó el uso del régimen mutualista para el avance de la beneficencia y los servicios médico-asistenciales, en consonancia con las necesidades y posibilidades de la misma. De esta forma se fundó una quinta de salud que evolucionó hasta convertirse en un hospital, que se autosustentó y prestó servicios a sus socios.

Durante todo el período neocolonial, la atención sanitaria se caracterizó por una deficiencia del sistema de salud republicano, por la ausencia de instituciones hospitalarias especializadas en el interior del país. Ya que el Hospital General, sostenido por el estado, sufrió continuamente de escasez por los bajos presupuestos que se le destinaron y en ocasiones fue clausurado como medida. La existencia de una cobertura asistencial mínima en caso de enfermedad y accidentes de trabajo generó la iniciativa de crear un hospital y ofrecer servicios que las instituciones estatales no podían asumir, debido a su condición insalubre. En agosto de 1901 inauguran la casa de salud, en la quinta de San Zenón. Estuvo entre los invitados el cónsul de España, Manuel Lapuente. Esta ofreció servicios hasta 1908 y en ella se atendía a los socios y los contratos del poblado de Nuevitas.

El dispensario tenía la pequeña capacidad de 12 camas y resultaba de difícil acceso para los socios ante cada crecida del río Hatibonico, lo que motivó reclamaciones del Centro de la Colonia Española, solicitando al Ayuntamiento, por acuerdo de la Junta Directiva, que se les permitiera el paso por el Casino Campestre a los asociados que tuvieran la necesidad de dirigirse a la misma. El difícil acceso al local motivó la solicitud de compra de los terrenos previstos para una ampliación de la ciudad en la barriada de la Caridad. Las diecinueve porciones formaban un solo lote por una suma que superaba los 1400 pesos de plata norteamericanos, para establecer dentro de su área una Quinta de Salud. La corporación municipal en sesión ordinaria del día 7 de agosto acordó pedir autorización a la superioridad para dejar sin efecto el citado ensanche de la población y ceder todo el terreno en subasta jurídica a la Colonia Española, por el precio de la tasación. «La venta a censo reservativo fue aprobada por Resolución Presidencial del día 9 de agosto del mismo año, bajo la condición de iniciar la construcción de las instalaciones en menos de un año». (Bilbao, 1907, p. 1758)

Las obras iniciaron el 25 de agosto de 1908, con la colocación de la primera piedra y luego de algún tiempo se inauguró el sanatorio previsto, presidido por la sociedad de la Colonia Española de Camagüey. Promotor de esta creación fue el doctor Federico Biosca Viñolas, quien asume la dirección de la clínica desde sus inicios. En este período se construyen los tres primeros edificios: el Administrativo, donde se compartían las oficinas con las primeras salas de atención y consultas; la segunda planta contenía el Pabellón Ignacio Soler de Medicina General; el de cirugía González Rojo detrás y la primera cocina-comedor al fondo de los terrenos. Después se construye el de enfermedades infecciosas Rodríguez Labrada, que se convertiría luego en el de enfermedades pulmonares pues la tuberculosis era la enfermedad más atendida.

En este período las enfermedades más frecuentes eran: el cólera, la fiebre amarilla, el parasitismo, la influenza, la sífilis, el tifus, la viruela, la poliomielitis, la tuberculosis, el sarampión y la lepra. De ahí que resultara novedosa la continua actualización de los tratamientos utilizados en el centro. Ejemplo de esto fue la aplicación del Salvarsán9 (arsfenamina) en 1911, por primera vez en Camagüey, administrada a un paciente masculino, quien presentó una mejoría en su cuadro clínico y permitió la aplicación de este procedimiento con posterioridad. Estos eran los primeros pasos en el campo de la quimioterapia, inicio de cambio dentro de la farmacología, muestra de los novedosos tratamientos que se proporcionaban desde los inicios en la clínica.

También fueron agregándose otros servicios dentro del hospital. En tal sentido en 1913 comenzó a funcionar la farmacia, hubo un incremento del personal de atención facultativa (entre médicos, cirujano, enfermero, farmacéutico y practicantes) y de mantenimiento. También se inició la construcción de un nuevo inmueble para la atención a las mujeres.

Cuando Eva Canel10 visitó la Quinta la calificó de magnífica por sus pabellones, los servicios, lo moderno, la higiene y los amplios terrenos. Del Administrador del centro refirió: «cuidado esmeradísimo de los enfermos, constituye su más delicada obsesión. Cuando visité aquel edificio, uno de los más hermosos que los españoles cuentan en las provincias, acaban de hacer, y esperaban los muebles para inaugurarlos, un hermoso pabellón para mujeres» (Canel, 1916, p. 327)

En 1918 una epidemia de influenza golpeó con fuerza la población de la ciudad. Ante tal desamparo gubernamental se emprendió en 1919, la construcción de un nuevo pabellón de enfermedades infecciosas, orientado a combatir dos padecimientos que resultaban mortales en la época. Es bautizado con el nombre de Facundo Gutiérrez quien fuera el primer presidente de la asociación. Esta respuesta reflejaba el capital social y económico de la asociación. Además, generó un impacto en la legitimación social de la Colonia Española en la localidad y la región, al convertirse el proyecto médico-asistencial y benéfico en un sustituto de las débiles políticas públicas tomadas por el Estado.

Sin duda, los años veinte fueron de mucha importancia. En 1923 el proyecto de construcción de una sala para Laboratorio. En el año 1924 se construyó la ampliación de la Quinta, ya que se propusieron la renovación de la cocina comedor, la edificación de un Necromio y una Lavandería, indispensable el primero para el depósito de cadáveres y la práctica de las necropsias; pues con el incremento de las medidas higiénico-sanitarias exigidas por las leyes se hacían mayores, se actualizó la clínica de manera que lograron convertirla en un hospital como pocos en el interior de la isla, sobre todo para la población de los municipios cercanos. Al igual que la inauguración en 1928 de medicina general, el hospital más grande y con capacidad de treinta y tres habitaciones con sus respectivos baños, cuarto de curaciones y salón de operaciones.

Uno de sus mayores valores era el personal facultativo, encabezado por el doctor Biosca Viñolas, se agrega a ello un grupo de jóvenes médicos, cirujanos y especialistas, con nuevas experiencias: el subdirector, Miguel Tomé Varona, nombrado primer cirujano, quien había ganado experiencia en hospitales de La Habana y en el extranjero; Luis Biosca Giroud, cirujano de destreza ejemplar. Las dos primeras mujeres, dentro del facultativo, fueron las Doctoras Isabel Carrasco y Zoila Sánchez. Igual lo fue el Dr. Ignacio Soler y Santayana, médico general desde su regreso a Cuba y después médico forense. Todos eran graduados de la Universidad de La Habana, algunos con cursos de posgrado en el exterior.

La asociación logró establecer y consolidar en la medida de lo posible servicios básicos indispensables que establecieron como prácticas culturales durante el periodo de 1899 a 1932, esto les permitió el desarrollo del recreo, la instrucción, la ayuda mutua y las tradiciones, constituyendo el espacio fundamental de sociabilidad entre los inmigrantes asentados fundamentalmente en la ciudad de Camagüey.

Las prácticas culturales dentro de esta asociación de inmigrantes demuestran cómo la asociación a su interior era un campo dinámico donde se operaban significados, identidades y poder. Desde la resistencia cultural, sus aportes siguen siendo esenciales para entender fenómenos como la globalización y las luchas por la diversidad cultural.

La Colonia Española de Camagüey se convierte en el espacio social que posibilita a todos sus asociados tomar un café, compartir un trago con el vino del terruño, jugar en el villar o tener un duelo en la sala de armas, que las niñas asistan a las clases de música o los niños aprendan inglés, leer el Diario de la Marina en la biblioteca, asistir a las misas por la Purísima Concepción, entrar en los salones llenos de compatriotas conocidos y sobre todo garantizar la atención de un doctor en la quinta de salud.

CONCLUSIONES

Las prácticas culturales dentro de la asociación se pueden caracterizar como indispensables para ayudar a la adaptación al medio receptor de sus socios. Garantizar estas necesidades mínimas indispensables como el recreo, la educación y la salud, se hizo vital. La recreación jugó un papel fundamental como elemento de unión entre la adaptación al medio y la conservación de su cultura, así como la trasmisión de las tradiciones a sus descendientes. En cuanto a la instrucción, era necesaria para atemperarse a las opciones laborables y culturales, ineludibles para incluirse en la sociedad camagüeyana de principios del siglo xx.

Las prácticas recreativas de los inmigrantes españoles en la asociación Colonia Española de Camagüey fueron un campo de gestión de la preservación identitaria y la adaptación al entorno local. A través de asociaciones y rituales lúdicos, no solo mantuvieron vínculos con su origen, sino que influyeron en la construcción de una cultura cubana mestiza, marcada por tensiones entre lo hispánico, lo africano y lo autóctono. Como señalan los estudios, este proceso refleja cómo el recreo actuó como experiencia que mantiene tanto la memoria colectiva como la creación cultural.

Las prácticas culturales de instrucción en la asociación Colonia Española se manifestaron con el objetivo de integrar la preservación étnica, la adaptación sincrética y las luchas por el poder simbólico. Desde las asociaciones étnicas hasta la transmisión familiar, estos procesos reflejan cómo la educación y la cultura operan como herramientas de cohesión, resistencia y transformación en contextos migratorios llegando a convertirse en uno de los focos culturales de mayor importancia durante la vida republicana, a través de sus prácticas culturales donde, las fiestas patronales, la música y otras tradiciones, fungieron como nicho cultural de los inmigrados y sus descendientes.

En resumen, lo anteriormente expuesto constituye un emporio de la cultura hispánica en Camagüey, al mismo tiempo que enriquece la cultura local con la incorporación de nuevos elementos, porque logra incidir en diferentes indicadores de acción local, al crear una academia de enseñanza artística y general. La creación de la clínica de salud de la Purísima Concepción, se convirtió dentro del proyecto asociativo, en un elemento trascendental, así como el edificio social, con una intensa actividad recreativa cultural funcionó como elemento coadyuvante y a su vez influyó en la identidad cultural camagüeyana del siglo xx.

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Datos del autor

Mailén Celia Fernández Morejón (1988, Camagüey).* Licenciada en Historia por la Universidad de Camagüey en 2011. Máster en Estudios Históricos Regionales y Locales en 2016 por el Instituto de Historia de Cuba, La Habana. Investigadora y Profesora Asistente del Departamento de Historia de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC).

María del Carmen Veliz Torres (1957, Camagüey). Licenciada en Historia por la Universidad de Oriente. Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Camagüey. Investigadora y Profesora Titular del Departamento de Historia de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC). Miembro de la Cátedra Honorífica de Antropología. Miembro del proyecto Ruta del Esclavo. Premio Provincial de Historia 2025 «Elda Cento Gómez».

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ISSN: 0042-1547 (papel) ISSN: 1997-6720 (digital)

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  1. Nombre oficial con que surgió la asociación por estar situada en la ciudad de Puerto Príncipe. En 1899 la ciudad mantenía el nombre colonial hasta el 9 de junio de 1903, en el cual el Ayuntamiento acuerda en la asamblea cambiar el nombre oficial de la ciudad, del municipio y de la provincia por Camagüey, nombre aborigen del cacicazgo donde se asentó la villa, el cual perduró en el tiempo.↩︎

  2. Surgida en 1903, en la ciudad puerto de Nuevitas en la costa norte de Camagüey. Impulsada por un grupo comercial de origen hispano y vinculados con hacendados ganaderos e industriales del procesamiento y exportación del ganado o sus derivados. Ambas ciudades estaban relacionadas, Camagüey como el centro político–administrativo, económico de la provincia y Nuevitas con el puerto más importante del territorio, cuestión que impulsó el surgimiento del ferrocarril entre ambas localidades.↩︎

  3. Valentín Zubizarreta y Unamunzaga (1862-1948): sacerdote procedente del País Vasco. Primer obispo de Camagüey, de la diócesis creada en 1912; recibió su consagración como Obispo de Camagüey el 8 de noviembre de 1914, en la Iglesia de la Merced. Nombrado después arzobispo de Santiago de Cuba desde 1924 hasta su fallecimiento en 1948.↩︎

  4. Sacerdote de origen gallego, nombrado Obispo de Cienfuegos en 1918, después de Camagüey en 1922, sucediendo a Zubizarreta. Es reconocido por su actuación como arzobispo de Santiago de Cuba y sus constantes denuncias de los asesinatos en la década de 1950.↩︎

  5. Pintor catalán, radicado en la ciudad. Su pintura fundamentalmente muralista tuvo una fuerte influencia del modernismo catalán de las primeras décadas del siglo xx. Sus obras, algunas perdidas hoy bajo capas de pintura, como es el caso de la decoración interior del edificio social de la Colonia Española. De renombre se pueden ver aún en estado original, las decoraciones del interior de la cúpula de la Iglesia de la Soledad, neoclasicista, correspondientes al siglo xix y en las superficies abovedadas de los techos de la Iglesia de la Merced. Camagüey-Ciego de Ávila. Cuba: guía de Arquitectura y Paisaje. p. 67.↩︎

  6. Eduardo Zamacois (1873-19) escritor, periodista, editor, empresario teatral y guionista español, nacido en Pinar del Río (Cuba), de padres españoles se radicó en diferentes ciudades españolas y de Europa. Su nombre adquiere relieve como impulsor de proyectos editoriales que aportaron grandes innovaciones. La primera colección de novelas cortas en formato para revistas. Incursionó en el primitivo cinematógrafo siendo un documentalista del cine mudo español. Vivió el exilio en Cuba y en otros países del continente, donde se dedicó al doblaje cinematográfico y escribió más de cuarenta radionovelas que triunfaron por toda España y América Latina.↩︎

  7. Novelista español miembro de la Real Academia de la Lengua Española desde 1912, con una vasta obra y considerado exponente de la novela tradicional, con manifiesta presencia en su obra de catolicismo, patriotismo y rasgos ultraconservadores. Ganador del Premio Fastenrath de la RAE en 1911. Entabló una amistad con el camagüeyano Ángel Hernández Navarro, fiel admirador de su obra.↩︎

  8. Miembro de la asociación, ocupó varios cargos en el Ayuntamiento y el Gobierno Provincial, como Jefe de Despacho de la Jefatura Local de Sanidad y Jefe de Despacho Provincial, durante este último fue el autor del escudo provincial aprobado por el Consejo en 1926. Por múltiples méritos es declarado con posterioridad en 1931, socio de honor de la Colonia Española.

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  9. Esta preparación de arsénico orgánico empleada en el tratamiento de la sífilis, la tuberculosis, la fiebre tifoidea y de la fiebre recurrente, también conocido como 606, descubierto por Paul Ehrlich en Alemania en 1907, le valió el Novel al año siguiente y estuvo disponible comercialmente desde 1910.↩︎

  10. Escritora española de intensa vida periodística, que tuvo como escenario el continente americano como representante del españolismo durante finales del siglo xix y principios del siglo xx. Fue directora del periódico La Cotorra, en La Habana y de la revista Cosmos, en Buenos Aires.↩︎